Número 3 - Segundo semestre 2018

Dosier - DESIGUALDADES Y POLÍTICAS SOCIALES EN LA ARGENTINA - PARTE II

Experiencias del bienestar. Para una comprensión de la política social desde el sentido común

  • Daniela Soldano*

    Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales - Universidad Nacional del Litoral (UNL)
    da.soldano@gmal.com

    Doctora en Ciencias Sociales y Licenciada en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires y Magíster en Diseño y Gestión de Políticas y Programas sociales por FLACSO Argentina. Profesora Titular, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral. Es autora de numerosas publicaciones en libros y revistas en su campo de especialización –la cuestión social y cultural urbana y las políticas sociales– entre las que se destacan: “Viajeros del Conurbano Bonaerense. Una investigación sobre las experiencias de la movilidad en la periferia”; “Pobreza urbana, vivienda y segregación residencial en América Latina”; “El Estado en la vida cotidiana. Algunos desafíos conceptuales y metodológicos de la investigación sobre política y biografía”, “El Conurbano Bonaerense como territorio asistido. Pobreza, crisis y planes sociales” y “Aproximación a las teorías de la política social a partir del caso argentino” en coautoría con Luciano Andrenacci. Cuenta, además, con una amplia experiencia profesional en asistencia técnica, formulación y evaluación de programas y de proyectos sociales.

    * Ciudadanías. Revista de Políticas Sociales Urbanas agradece a Daniela Soldano, miembro de su Comité Editorial Nacional, la posibilidad de esta publicación.

+ Aa

  • Para citar este artículo

    Soldano, Daniela (2018). Experiencias del bienestar. Para una comprensión de la política social desde el sentido común. Ciudadanías. Revista de Políticas Sociales Urbanas N°3. Segundo semestre 2018, pp. 251-276 [En línea]. Consultada el: 18-11-2019
    URL: http://ciudadanias.untref.edu.ar/n3_dossier_art9.php
    Copiar

Resumen

Conseguir trabajo, agua potable, una bolsa de alimentos, un turno médico, un lugar donde vivir, o un cupo en la mejor escuela pública del barrio, constituyen desafíos que enfrentan a diario los vecinos de las barriadas relegadas de las ciudades en nuestra región. Estos desafíos permiten advertir dos registros del orden socio-político: la estructura desigual que da forma a sus condiciones de vida y las prácticas efectivas de reproducción social. Entre ambos, se ubica el sentido común, un nivel de conocimiento experiencial, potente para orientar dichas rutinas cotidianas y con capacidad para “suturar” simbólicamente las fracturas de una sociedad atravesada por la desigualdad socioeconómica. Este artículo propone la comprensión de lo que se denominará “experiencias del bienestar” –del Estado y la política social–, en las que entran en escena un conjunto de razonamientos evaluativos que atañen a la calidad de los recursos públicos, a la efectividad y legitimidad de su mediación y al grado de justicia presente en su distribución en los diferentes territorios.

Un rumor adormece toda marea en mí”

(Spinetta, Páez 1985 “Asilo en tu corazón”, La, la, la)

Conseguir trabajo, agua potable, una bolsa de alimentos, unas chapas, un turno con un médico especialista, un servicio de guardia, un lugar donde vivir, o un cupo en la mejor escuela pública del barrio, constituyen desafíos que enfrentan a diario los vecinos que habitan las barriadas relegadas de las ciudades en nuestra región.1 Estos desafíos permiten advertir dos registros del orden socio-político: la estructura que da forma a las condiciones de vida y las prácticas de reproducción social. Entre ambos, se ubica el sentido común, un nivel de conocimiento experiencial, potente para orientar dichas rutinas cotidianas y con capacidad para “suturar” simbólicamente las fracturas de una sociedad atravesada por la desigualdad socioeconómica.

Este artículo propone la comprensión de lo que se denominará “experiencias del bienestar” –del Estado y la política social– en las que entran en escena un conjunto de razonamientos evaluativos producidos por los actores sociales. Estos aluden a la calidad de los recursos públicos, a la efectividad y legitimidad de su mediación y al grado de justicia presente en su distribución en los diferentes territorios.

Sabemos que las reglas y recursos de la política social dan forma a los modos de vida con grados variables de aceptación, resistencia y conflictos por parte de los sujetos, pero siempre generando identificaciones. Lo hacen porque se enhebran en la durée de la vida cotidiana, a nivel del conocimiento de sentido común. Por ello es que una interpretación fenomenológica puede resultar especialmente fértil. En efecto, al estar particularmente focalizada en el análisis de la subjetividad –entendida como el complejo de percepciones, vivencias y experiencias del actor ocurridas en un contexto intersubjetivo del cual es productor y usuario– dicha red teórico-metodológica permite elucidar las experiencias en torno al bienestar social en la vida diaria.

A continuación se argumentará en torno a esta pertinencia, a partir de algunos ejemplos tomados de una investigación empírica.2 Estos recorren tres grandes campos donde podrán explorarse dichos razonamientos: las transferencias de alimentos y ayuda directa y las prácticas de acceso a los servicios sociales de salud y educación. El ejercicio permitirá estilizar dos núcleos de sentido que estructuran el mundo de la vida: el de las necesidades y el de la igualdad en la “vida buena” o la “vida digna”. En ambos, el Estado se recorta en el centro de la escena social como el depositario de los problemas, las responsabilidades y las expectativas.

Subjetividad y política social.
Elementos para un enfoque en construcción

La vida cotidiana puede funcionar como una escala especialmente sutil para abordar cierto tipo de experiencias. Entendida como dureé, la cotidianeidad es una suerte de río en el que estamos embarcados llevados por las alternativas de las percepciones y vivencias, más o menos reflexivamente3 (Soldano, 2009). Dicha escala permite que cobren relieve un amplio espectro de prácticas sociales que usualmente pasan inadvertidas en los análisis abocados a explicar las formas de la movilización social y de la acción colectiva y que, no obstante, resultan fundamentales a la hora de intentar comprender la estructuración de la sociedad. La cotidiana es la vida de baja excepcionalidad, de movimientos lentos, donde eventualmente surgirán momentos de ruptura o dislocación, pero que serán contrarrestados por mecanismos profundos y certeros de estabilización.

Este registro define una espacialidad y una sociabilidad que invitan a un abordaje fenomenológico, en la clave de quien fuera uno de sus principales exponentes: Alfred Schütz.4 En efecto, en la vida diaria el espacio relevante es el de proximidad, el biográfico, el que se pisa, marca y evoca en las rutinas. A la vez, los otros importantes son los contemporáneos, es decir, aquellos actores cercanos con los cuales se establecen relaciones cara a cara (en este estudio, por ejemplo: los vecinos, las maestras, los médicos, los mediadores barriales y los punteros políticos, el personal administrativo de un centro de salud o de una escuela) respecto de los cuales se ostentan, preservan y, eventualmente, exigen ciertos bienes y servicios y se discute la legitimidad de su distribución.

Pero además, y especialmente, un abordaje al bienestar social desde la sociología fenomenológica permite sortear cierto dualismo objetivismo-subjetivismo, según el cual o bien las prácticas de reproducción ampliada de la vida resultan altamente determinadas por las condiciones estructurales en las cuales operan o, por el contrario, son el resultado de la capacidad simbólica de los actores. En efecto, el estudio empírico de estos procesos exige rehuir el callejón metodológico producido por los sesgos “cuantitativistas” y “representacionistas” porque lo cierto es que para un abordaje profundo de la desigualdad no alcanza con describir estadísticamente el stock de capitales de un hogar y sus trayectorias de acumulación, ni con “conversar” y preguntarles a los sujetos qué opinan de su situación. Si la primera estrategia tiende a aplanar el objeto y a diluir la heterogeneidad subjetiva en el establecimiento de un valor medio, la segunda extrae conclusiones basadas en relatos altamente detallados de la pobreza vivida, pintura que no necesariamente indica referencia alguna al componente relacional de la desigualdad: que es su núcleo duro.

En otras palabras, la investigación empírica sobre la desigualdad y las experiencias del bienestar debe procurar captar, registrar e inscribir el trabajo rutinario de reproducción ampliada de la vida de los actores sociales en el contexto de la estructura de opciones dada. Y aunque sea metodológicamente complejo, debe procurar reconstruir el encuentro entre condiciones, prácticas e interpretaciones. Asimismo, el investigador de la desigualdad debe mantener una actitud realizativa frente al “objeto”, es decir, de posicionamiento activo e idealmente involucrado frente a la vida y la reflexividad de los actores sociales. En otras palabras, para poder comprender estas experiencias debe poder “enjuiciar” los elementos que comportarían lo que Habermas (1999) denomina “pretensiones de validez” de la acción, que cristalizan de modo más o menos evidente en juicios de sentido común.5 Pero esto no es sencillo: la percepción de la desigualdad y del bienestar no son operaciones recurrentes en la vida cotidiana sino que están estrechamente vinculadas a la intensidad del “monitoreo reflexivo” (Giddens, 1982) producido por cada agente, ubicado en una posición relativa en el sistema de interacciones (y de poder) en el mundo de la vida.6

Decíamos que el concepto fenomenológico de experiencia sintetiza la relación entre tres dimensiones de la vida: una material, una actitudinal y una imaginaria. Estas dimensiones permiten advertir tanto las condiciones en las que se inscriben las prácticas como las prácticas cotidianas mismas y los sentidos producidos intersubjetivamente, y estas tres caras de las experiencias (condiciones, prácticas y significados) están notablemente imbricadas en el conocimiento práctico del sentido común.

Según Schütz el conocimiento de sentido común permite organizar la percepción del mundo que nos rodea, clasificar y procesar los problemas en cuestión y elegir cursos de acción. Así, es un agregado social de significaciones históricas, sociales y subjetivas que se aprende y que permite modos relativamente colectivos y auto-evidentes de percibir la realidad (Bernstein, 1982).

No solo viven (los actores) en sus vivencias subjetivas, sino que reflexionan sobre ellas. No solo tienen una vivencia directa del mundo, sino que piensan y hablan de sus vivencias, utilizando conceptos y juicios. De este modo, explican ellos sus vivencias del mundo, comprendiéndolas mediante esquemas interpretativos. El mundo y la manera en que lo vivencian tienen sentido para ellos. [...] Solo hay un mundo externo, el mundo público, y se da igualmente a todos nosotros. Por lo tanto, todo acto mío mediante el cual doto al mundo de significado se remonta a algún acto de dotación de significado de parte de usted con respecto al mismo mundo. El significado se constituye, por lo tanto, como un fenómeno intersubjetivo (Schütz, 1970: 62, énfasis agregado).

Los actores viven la realidad y reflexionan sobre ella a partir de conceptos y juicios presentes en los esquemas interpretativos que surgen de la observación de los otros y de la percepción y análisis de las diferencias. Desde que nacemos nos enfrentamos con múltiples situaciones problemáticas, y echamos mano a ese acervo de experiencias típicamente aprehendidas. Es el sistema de significatividades y los intereses del actor son los que determinan –en cada caso– qué elementos deben ser convertidos en un sustrato de tipificación generalizadora, qué características de esos elementos deben ser elegidas como característicamente típicas, y cuáles como exclusivas e individuales; en otras palabras, hasta qué punto debemos avanzar en el horizonte abierto de la tipicidad. Así, en cada curso de acción los actores y los intérpretes pueden discriminar entre “tema” (aquello que adquiere relieve en el contexto de un proyecto de acción específico) y “horizonte” (aquellos aspectos de la situación que quedan como en un telón de fondo).

Así, en el mundo de la vida existen dos tipos ideales recurrentes: los que ordenan la compresión de las situaciones y los que permiten comprender a los otros. Ambos permiten y organizan la interpretación cotidiana de la vida social. En esta investigación, por ejemplo, los actores que ocupan posiciones de mediación de recursos (punteros políticos, dirigentes barriales, trabajadores comunitarios, maestros, personal administrativo del centro de salud y auxiliares de las escuelas) y los actores más periféricos al centro de poder (vecinos y los receptores de programas sociales) aplican a diario el mismo corpus de idealizaciones típicas. Se trata de un sistema de posiciones sociales que funciona justamente porque los agentes pueden ponerse en el lugar del otro y ver el mundo desde allí: lo que Schütz denomina “principio de reciprocidad de perspectivas”.

Los tipos ideales de sentido común tienen una identidad relativamente independiente (o discreta) de sus usuarios. No es posible encontrar causalidades directas entre clase de actores o trayectorias biográficas y uso de tales o cuales tipificaciones. No obstante, en la medida en que el sentido común está distribuido socialmente es factible que encontremos que ciertos conjuntos de tipificaciones son utilizados con más frecuencia por actores que comparten lugares o estilos de vida.

Es en este marco teórico y filosófico que aquí se procura estilizar el concepto de “experiencias del bienestar”. Con este se alude a las prácticas de reproducción ampliada de la vida (el trabajo, el consumo, el ocio, el espacio vivido y los servicios urbanos, la recepción de programas asistenciales, el acceso a sistema educativo y de salud, la participación social y política) que los sujetos resuelven a partir de cierta condición estructural, y que en su núcleo permite ver los razonamientos evaluativos (o juicios) sobre el Estado, el mundo público, la justicia y los derechos. Como se propuso unos párrafos atrás, dichos juicios sirven para pensar y comparar la situación personal y la de los demás, operando por contrastación, a partir de ciertos criterios o umbrales normativos compartidos. En base a esta investigación, puede afirmarse que dichos criterios cristalizan en dos grandes temas: los estados o grados de necesidad y un ideal de igualdad en la vida digna o de vida buena.7

Finalmente, pero no menos importante, esta formulación teórica permite vincular al campo tradicional de la política social no solo con las sociologías fenomenológicas o de la vida cotidiana sino con perspectivas relacionales de la desigualdad como la de Tilly (2000). En efecto, los tipos ideales del sentido común permiten a los actores-mediadores resolver problemas organizacionales, al tomar decisiones sobre la distribución de los recursos –estableciendo “cierres”–. A este nivel también nos referiremos en los próximos apartados.

“Una montaña de avena”.
En torno a las necesidades y la asistencia social directa

En el apogeo de la crisis social y económica que vivió la Argentina hacia 2002, con altos niveles de desempleo y escasez de ingreso, una vecina –quien solía trabajar por horas de empleada doméstica y venía recibiendo el Plan Vida8 desde 1996– descargó en una entrevista una preocupación que colmó todo el espacio del intercambio: “Es como si vos te estuvieras muriendo de hambre y de sed y te dijeran ‘ ‘mire, ahí tiene, coma’, y lo que tenés enfrente es una montaña de avena”.

En 2007, otra vecina de similar posición, comentó con desazón y cierta ironía que luego de una feroz tormenta de invierno solicitó ayuda al municipio y que le habían dado, además de algunos alimentos secos, una frazada de una plaza: “¿Y qué hacés con una frazada de una plaza, cuando necesitas por lo menos cuatro?”.

Las figuras en las que pivotean las apreciaciones –la montaña de avena y la frazada escasa– son útiles para elucidar el lugar de las necesidades en contextos de relegación social y urbana. En efecto, permiten apreciar el desfasaje entre el recurso obtenido y el contenido de la demanda –en este caso alimentaria y de abrigo– pero también iluminan el carácter subalterno del intercambio. El Estado –una entidad compleja y lejana– en parte culpable, en parte salvadora, es siempre responsable de la situación de privación que se reproduce.

Desde la teoría de la política social suele entenderse por “necesidades” a un estado de la subjetividad, de construcción socio-histórica, económica y cultural,9 estados que investigados empíricamente permiten ver una interesante heterogeneidad. En primer lugar, revelan un componente emocional. En efecto, la preocupación, desazón e ironía que manifiestan las vecinas constituyen dimensiones importantes de las experiencias del bienestar.10 La carga de emoción supone un modo de enjuiciar la intervención, de resistirse y monitorear críticamente eso que se les da y lo que las hace valer. En efecto: ¿qué necesidades se satisfacen con una frazada de una plaza o una montaña de avena? ¿Cómo se pretenden satisfacer? ¿Cuáles son los costos simbólicos de esa pretensión?

En segundo lugar, la necesidad –y sus grados– constituye un tema de conversación y discusión frecuente en la vida diaria, en el que suele ser considerada como criterio de justicia para la distribución de los bienes considerados valiosos.11 En efecto, las referencias a las necesidades suelen encontrarse de manera regular, tanto en las reglas sociales que ordenan los otorgamientos de los recursos públicos como en los argumentos de las instituciones.12 Los actores institucionales aplican a diario las categorías de demarcación que proponen las políticas para resolver problemas organizacionales internos, al tiempo que los sujetos emulan, se adaptan y reproducen esas categorías y les confieren legitimidad en el uso cotidiano de libretos compartidos (Tilly, 2000, Gorlier, 2004).

En relación a la cuestión de las necesidades como criterio de justicia el corpus producido permite identificar tres tipificaciones o idealizaciones generales de las que hablaremos en el resto de este apartado: i. los recursos deben llegar a quien realmente los necesite; ii. los recursos son escasos y no alcanzan para todos, y iii. los recursos suelen repartirse de modos arbitrarios.

En cuanto a la primera idealización –los recursos de las políticas sociales deben llegar a quien realmente los necesite– del trabajo de campo surge que estructura buena parte de los discursos de los residentes de territorios relegados, periféricos y asistidos. Dicha tipificación permite organizar la comprensión del mundo a través de la rutinización de una categoría con alto poder de discriminación, entre necesidades “reales o verdaderas” y “ficticias o falsas”. Y, por ende, de necesitados “legítimos” e “ilegítimos”.

¿Te habías anotado alguna vez?

Sí, cuando recién nos mudamos que, realmente, lo necesitamos. Sí.

¿Y por qué vos decís que, realmente, lo necesitabas?

Y, porque no teníamos nada. No teníamos un fondo de desempleo, él no tenía trabajo, yo no tenía trabajo. Y teníamos dos criaturas… si yo hubiera conseguido trabajo tampoco hubiera ido a pedir un fondo de… alguien que me ayude. Es más, yo a la leche tampoco antes la quería. Sin embargo, me la terminaron dando como de fuerza, como diciendo si el gobierno da para todos. Pero yo a veces veía pero si yo puedo comprar un litro de leche para qué le voy a sacar a otro que, realmente, lo necesite. Pero viste que en ese tiempo daban a todos, no era como ahora que van descartando, viste.

Como ilustra el pasaje previo, frente a ciertas situaciones el establecimiento de esta frontera no genera controversia: existe una clase de sujetos que parecen ser necesitados objetivamente y ellos deberían ser los primeros en recibir los recursos. La necesidad suele aparecer, en estos casos, como un estado de privación evidente que no admite mucha interpretación. Como una suerte de fuerza agresiva: que impacta en los sujetos y que puede arrasarlos. Tan de borde es la experiencia de necesidad verdadera que impide toda posibilidad de planteo táctico. No hay opción aquí sino determinación. Y si bien la falta sistemática de trabajo y la presencia de muchos hijos son percibidas como factores que aceleran o agudizan sus estados, el estado de necesidad tiene una exterioridad importante.

¿Usted no se había anotado para el Jefes?13

Nunca me anoté. Nunca me anoté

¿Por qué?

Porque yo trabajaba por mi cuenta y consideraba que había gente que lo necesitaba más que yo.

¿Y qué significa para usted que exista gente que lo necesite más?

Que es gente que tiene menos posibilidades de conseguir trabajo que yo y quizás no tenga un oficio como para poder defenderse. Entonces, por eso digo que hay gente que necesita más… aparte por los chicos también, porque hay familias que tienen muchos chicos. Y mis hijos ya están grandes. Nosotros estamos grandes pero bueno, verdaderamente, la necesidad, cuando hay chicos, es mucho más superior que para una persona como yo.

Pero acá hay algo muy importante para mí, como persona, porque yo, interiormente, estoy tranquilo porque creo que ese es un aporte, un granito de arena para las necesidades de otras familias. Yo, interiormente, me siento tranquilo. Psicológicamente uno se siente responsable, es parte de la responsabilidad de uno, la tranquilidad de saber que no le ha sacado ese plan a una familia.

Esto de “ser” y “no ser” necesitado verdadero y, por ende, “merecedor” presenta una serie de complejidades. En el pasaje siguiente, la entrevistada incorpora el elemento sacrificial. Las personas necesitadas y merecedoras de los recursos deben demostrar que están haciendo los máximos esfuerzos de cuidado de la familia. Se están “ocupando”:

¿Y a quiénes se les debe dar prioridad en los programas?

A la gente que necesita.

¿Y quiénes son los que necesitan?

La gente que no tiene trabajo, la gente que realmente tiene chicos. Y no a la gente que vos lo quieras o porque sea tu vecina o porque le veas la cara linda. Porque hay mucha gente que cobra. Vos ves que los planes, va y cobra la gente que vos ves que no tiene hijos chicos. A eso voy. Que tengas chicos, que realmente veas, que te ocupes y digas “me estoy ocupando de mi hijo y necesito un plan para no salir a trabajar, porque no puedo salir a trabajar”. Ocuparme. Pero no cobrar el plan, no ocuparse de sus hijos y dejás a todos en la esquina.

¿Y vos ves que acá en el barrio hay muchos de esos casos?

Muchos.

¿Y vos que pensás sobre esto?

Y, que lo reciban quien le dé. Eso le da el gobierno, nadie roba. Prefiero que le dé el gobierno a que le vayan a robar al almacén que tiene 3 cosas. También no sé si es un robo ir a la municipalidad, pero te lo dan. El plan, vos vas y cobrás. Cobrás en el banco o no sé dónde vas pero no vas a robar. Tenés esa plata, esa comida. Sería peor que vayan y roben al del almacencito que tenemos en el barrio.

Pero, la noción de “necesidad verdadera” –idealización del sentido común que sirve para resolver en cada momento y frente a cada situación una forma de distribución justa de los bienes o recursos en cada comunidad de referencia– es también una frontera porosa. Es decir, además de funcionar como una línea de demarcación a través de la cual los sujetos intentan alejarse de cierto estado de privación “abismática”, opera como un borde móvil que permite cierto margen de negociación –siempre controversial– para las asignaciones y repartos. En efecto, en tanto todos los actores involucrados participan de similares condiciones objetivas de pobreza no sería sensato utilizar, en todos los casos, un criterio de demarcación fijo. Así, la necesidad deja de ser un estado absoluto y se transforma en una cuestión de grado.

El trabajo de campo de esta investigación podría, entonces, validar –como sostiene Prévot-Schapira (2001)– la existencia de una suerte de miedo colectivo a percibirse en algo así como un fondo societal. Pero también, como se dijo anteriormente, permite apreciar cierto juego de marcaciones y des-marcaciones identitarias, tanto tácticas como defensivas. La necesidad es percibida como un lugar del cual es difícil salir, un lugar que te deja “afuera” de todo. Sin embargo, en la práctica, esto debe ser negociado. Ser taxativo en ese reconocimiento (y asumirse frente a los otros como no merecedor) tiene riesgos altos: quedarse completamente afuera del reparto de recursos tan valiosos como escasos. Esto hace que sea tan importante el desarrollo de dispositivos de distinción de estados de necesidad. Estos dispositivos deben ser extremadamente sensibles para captar sus grados y matices.

¿Y quiénes creés que deben recibir los planes sociales?

La gente que más necesita. Porque hay mucha gente que necesita y que nunca salió en un plan. Hay gente que vive mal verdaderamente, mal mal y nunca recibió nada. Y yo digo “al final nadie se fijó en quién iba a recibir y quién no”. La gente que vive mal. Porque hay gente que vive en el medio de la basura, como yo he visto gente que vive. (...) Esa gente sí, yo veo que vive mal. Y nadie se hace cargo de ellos.

¿Vos quiénes crees que se merecen acceder a una vivienda?

Y, los que no tienen; los que, verdaderamente, no tienen. Aquel que está, verdaderamente, alquilando o vive en un lugar donde, verdaderamente, es prestada. Pero no. Yo conozco personas que medianamente tienen su casa y se anotan en las casitas. O venden su casa y se van a las casitas. Pero yo veo que eso está re mal. (...) Yo veo para aquellas personas que no tienen para vivir, que están viviendo, realmente, prestado o alquilado. (...) Pero personas que, realmente, necesitan.

La segunda tipificación, asociada a la primera de manera directa, sostiene que: los recursos son escasos y que no alcanzan para todos. De este modo, quien toma algo se lo saca a otro. Esta suerte de teoría de la sábana corta se aplica en todo tipo de producto o prestación que “baja” desde los lugares políticos (municipio, gobierno provincial y nacional), desde la casa de un plan de vivienda hasta los turnos en el centro de salud, pasando por las prestaciones “invisibles” (como un favor en la municipalidad) o infinitamente menos costosas, como la leche que entrega el Plan Más Vida:14

¿Y recibiste algún otro plan?

El de la leche hasta que los chicos cumplieron 6 años. Es más, una de las nenas tiene bajo peso. Pero no es porque le falta alimento porque siempre comida hay. Pero ella empezó de los 8 meses y podría haber seguido yo todavía por el bajo peso de ella. Pero como la Natalia de acá, la que hizo todo. Vino y se llevó todos los papeles porque nunca le contestaron el Plan Vida. Entonces, recién me lo hicieron ahora, por excepción de la tarjeta que salió. Vos podés movilizarte, con la nena que es bajo peso, movilizarte. Pero yo le dije que no. “No”, le dije. Hasta hoy en día, bueno, que sé yo un día no hay, “tomá mate cocido”. Pero para qué voy a seguir cuando hay gente que a veces no tiene. Hay gente que no tiene, verdaderamente. Le digo, “se lo dejo para ella”. Así que moverme de vuelta, tengo que ver dónde están los papeles. No. (énfasis agregado)

¿Vos qué opinás de los programas sociales?¿Cómo es que se asignan, para vos?

Y, algunas veces, no muy bien. Porque hay gente que trabaja, que tiene su marido en blanco. No sé cómo hace que no salta. Pero gente que necesitó, por ejemplo, si mi marido no trabaja, pocas veces en blanco porque es buen trabajo, yo no tengo por qué recibir… Yo no tengo por qué cobrar, habiendo gente con necesidades. Si mi marido trabaja bien y tiene un buen sueldo, ¿por qué no voy a renunciar? Habiendo tanta gente con muchísima necesidad por qué tengo que sacarle yo a la otra persona. O sea que yo nunca fui de que, teniendo yo, ir a anotarme. Porque mirá que esto hace mucho tiempo que está; hay muchas personas que cobran años. Van dos, tres, cuatro años creo, que están cobrando. Y por ahí el marido trabaja re bien por más que trabaje en negro por su cuenta y sigue cobrando. Yo eso lo veo mal.

La tercera tipificación identificada propone que los recursos se reparten a través de mecanismos discrecionales. Esta percibida opacidad se encuentra en tensión permanente con aquello que promueven los discursos de ampliación de ciudadanía presente frecuentemente en la retórica estatal. En los “barrios bajo planes”,15 estructurados como verdaderos mundos asistidos, es frecuente escuchar discursos de sentido común invocando las figuras del “derecho” presente en la letra de los programas sociales que los interpelan en la cartelería pública. La convivencia entre los principios de ciudadanía esgrimidos y los criterios de discrecionalidad percibidos en la distribución de los recursos públicos produce un estado de alerta y desconfianza.

Este es el dato significativo a la hora de interpretar las experiencias del bienestar. Sea quien fuere el mediador y el recurso en cuestión –un administrativo de un centro sanitario, un mediador comunitario o un portero de la escuela– y más allá de que podamos como analistas subsumir dichos intercambios en la lógica del más puro clientelismo político,16 lo relevante para este estudio es destacar el conocimiento práctico que anida en los vínculos socio-políticos tanto horizontales (entre vecinos, potenciales receptores) como verticales (entre vecinos y mediadores) y que está atravesado por la desconfianza y el estado de alerta al arrebato.

Ahora bien, los procesos de auto-focalización social en función de la percepción de la necesidad padecida, la creencia en la finitud de los recursos y la desconfianza permanente en sus procesos de distribución van de la mano con formas de control social desparramadas en la vida cotidiana. En efecto, independientemente de su efectividad lo cierto es que un conjunto de reglas y figuras anidadas en los libretos sociales compartidos procuran realizar –a su modo– ciertas vigilancias.

Entre las figuras de mediación a nivel territorial a cargo de este control, las manzaneras del Plan VIDA17 constituyen un excelente ejemplo de jerarquías legitimadas. Su función principal ha sido mediar entre las familias, la información y los recursos y ser como especies de “jueces de la necesidad”. En general, para los vecinos del barrio, las manzaneras realizan concretamente la mediación de los recursos al tiempo que los acaparan; no obstante, sus prácticas de distribución pueden generar resultados más o menos justos según apliquen el criterio de la necesidad verdadera y ejerzan sus funciones de tutela vigilante sobre las “trampas de la pobreza”:18

¿Elizabeth es tu manzanera?

Sí, yo me cambié de la que tenía

¿Con quién estabas vos?

Con Natalia. Pero no me gustaba. Ella era muy injusta. A veces iba un viejito a pedirle y no le daba. Yo sabiendo, porque mi cuñada fue manzanera una cantidad de años yo sabía que podía darle y ¿por qué no le daba? Entonces, me dolió tanto que yo fui e hice la denuncia en Casa Vida.

¿Y vos pensás que tu nueva manzanera?

Elizabeth se quedará con mercadería pero ella ayuda. Por ejemplo, vos vas y le decís ‘ Elizabeth, ¿tenés un arroz?’ y Elizabeth te da un arroz, un fideo, una harina y si tiene leche, te da leche. Y no solo a vos. Va un viejito y le da. Le da a otros vecinos que ella sabe que no tienen trabajo. No, ella es muy solidaria. En ese sentido, ella es muy solidaria. Si se queda, yo creo que con justa razón porque el tema es que vos vas y capaz que ella te lo da. Porque le da a toda la gente. Yo he visto que ella sí le da. La gente le pide y le da. Ella es muy solidaria. Pero la otra chica no. Y nos enteramos después que ella llevaba, que vendía y llevaba al Paraguay las cosas. Los fideos los vendía.

¿Reciben algún plan social ustedes? ¿Y alguna vez percibiste el Plan Jefas y Jefes?

Nunca.

¿Nunca te anotaste?

Sí me anoté, pero nunca salí.

¿Por qué creés que nunca saliste?

Porque la manzanera no se ocupó. La manzanera lo que hacía únicamente le daba a las amigas de ella y los vecinos de ella. Fue mi error haberme anotado ahí.

En la vida cotidiana de los territorios relegados, las familias entran sistemáticamente en relación rutinaria con otros que, dada su posición de privilegio o liderazgo en contextos institucionales, públicos y estatales, se presentan como los poseedores de los recursos en juego. Así, desde los programas asistenciales hasta la escuela, el centro de salud, el hospital, un conjunto de vecinos –del otro lado del mostrador, del escritorio o del alambrado que divide los terrenos de las casas– poseen esos recursos valiosos cuya distribución parece estar en disputa cotidianamente.

En suma, necesidades verdaderas y merecimientos legítimos estructuran criterios de justicia distributiva que atraviesan a la sociedad en su conjunto. No es solo un tema de las clases medias y altas, sino que está presente también en los sectores subalternos. Se trata de libretos compartidos entre las instituciones de la política social y el sentido común de los vecinos y que en las últimas décadas ha “anidado” en los esquemas perceptivos, en la verstehen que los actores sociales ponen para pensarse a sí mismos y a los demás. Un lenguaje de la equidad y de la compensación que tiñe la vida social en su totalidad (Minteguiaga-Ramírez, 2007; Danani, 2008).

La reingeniería de los programas asistenciales ocurrida hacia el segundo lustro de la década del 2000 y el inicio de la ejecución de la Asignación Universal por Hijo19 supuso cambios importantes en las retóricas público-estatales. Uno de ellos fue el del abandono de la figura de la contraprestación en forma de trabajo por el cumplimiento de “compromisos” como el control médico, la vacunación o la escolaridad obligatoria. También implicó el abandono relativo de la focalización territorial y por condición de actividad y la transferencia de ingreso y no de bienes, alentando la recuperación de cierta “soberanía alimentaria”. No obstante, para la gran mayoría de los vecinos entrevistados, los nuevos programas de transferencia condicionada de ingresos –Programas Familias por la Inclusión Social primero y Asignación Universal por Hijo después– navegaron en el mismo mar de complejidades. Las vecinas y madres que venían recibiendo el Plan Familias no advirtieron un cambio sustancial en el tipo de prestaciones y relaciones que supuso la asignación.

Lo digno y lo bueno en el sentido común.
Acerca de los servicios sociales universales

La relegación social y urbana condiciona severamente el acceso de las familias a los servicios sociales universales. La investigación empírica da cuenta cabalmente de experiencias atravesadas por la vivencia del deterioro y el desabastecimiento, percibidas a contraluz de cierto ideal de prestaciones sanitarias y educativas de calidad.

Una de las instituciones centrales en la vida cotidiana de los vecinos es el centro de salud,20 espacio al que se accede para controles de rutina, asociados al embarazo y a la atención de la infancia sana, o con demandas sencillas. Pero cuando la demanda de atención médica es más compleja, más costosa o sistemática, la relación con las condiciones de los servicios sanitarios se tensiona y aparecen barreras que los vecinos no siempre pueden atravesar. Eso genera demoras que elevan los costos de la no satisfacción. Es el caso de las enfermedades crónicas, cuando es necesaria la provisión recurrente de un medicamento o cuando una situación de urgencia requiere la derivación al hospital o a un centro de mayor complejidad. En estas circunstancias, los vecinos se sienten desatendidos y ven exacerbada la experiencia de abandono y deriva.

Adicionalmente, las familias no cuentan con servicios de urgencias, ni tienen un acceso directo y rápido al hospital. En efecto, para los vecinos de las periferias con accesos viales muy deteriorados, medios de transporte deficientes y sin servicio de remises, toda situación de demanda al sistema reactualiza la dificultad de acceso a los servicios sociales cotidianamente. Por otra parte, llegar al hospital no garantiza que sean atendidos. En este contexto, para los vecinos, los centros de salud deberían estar abiertos y atendiendo demandas más urgentes las 24 horas, en particular, las pediátricas:

Mi hermano casi se quema vivo. Cayó en el fuego y se quemó. Lo llevamos al hospital. Estuvo como 20 días internado. Y acá lo llevamos y dijeron que y dicen ‘ bueno, ya está, puede llevarlo al Instituto del Quemado, dice, porque acá nosotros no tenemos, no viene la ambulancia´. Así que uno se puede morir acá, Y, la llamamos y no viene. Es que es difícil que una ambulancia llegue acá’, me dijo. Así que acá, tranquilamente, te morís hasta que llegue. A la salita [...] a veces te cuesta ir, si te sentís mal, de noche a la salita porque no más que te miran y te dicen ‘ bueno, andá al hospital’. ¿Y si a veces uno no tiene plata para ir al hospital? A mí te tocó que un tiempo mi mamá se fue porque le prestaron una casa para que cuide y yo quedé con los chicos míos, acá. Y al más chiquitito le agarró convulsiones.

Y yo, como ya le había agarrado a uno de mis nenes ya yo tengo miedo. O sea, es como que quedé traumada con eso. Y salí corriendo y no encontraba ni un auto, no había colectivos, era como la 1 de la madrugada, así que de acá hasta la salita me fui corriendo. Pero no llegaba más.

Y fue feísimo. Cuando llegué allá, me dicen “bueno, sí, ya está, pero acá no hay ambulancia. Vas a tener que bajarle la fiebre o sino, vas a tener que llevarlo al hospital”. Como que hay muchas cosas que tienen que cambiar en esta salita también. Tendría que haber un pediatra de guardia. Algo que por ahí están el clínico y lo llevás de guardia y te dicen “bueno, pero vení, sacá turno mañana temprano” y por ahí cuando llegas ya no hay más.

Todos los actores entrevistados se refieren a sus difíciles experiencias en el hospital local. La mayoría viaja hasta los de la Capital Federal para resolver problemas sencillos. Así, los problemas de referencia y contra-referencia entre el primer nivel de atención y el segundo en el sistema de salud a nivel local, se resuelven, en la práctica, desanimando las consultas. En otras palabras, la “respuesta” rutinizada de las instituciones va moldeando una demanda mínima y acotada por parte de los ciudadanos.

En efecto, concurrir al hospital implica “armarse de paciencia” esto es: resignarse a tener que esperar cinco o seis horas, al hecho de que faltan médicos, enfermeras e insumos en general. Este elemento es típico en la experiencia de los usuarios de los servicios de salud en la periferia. Si el elemento del estado de necesidad que te hace merecedor legítimo de recursos es el sacrificio y la ausencia de estrategia, el que caracteriza la relación con el sistema de salud es la paciencia. Paciencia y sacrificio van juntos moldeando una suerte de figura de “ciudadanía estoica”. Los otros –poseedores de un saber, de una autoridad y de un poder sobre el cuerpo y sobre el tiempo– tienen algo que no brindan generosamente en el mejor de los casos o que, en el peor, sencillamente acaparan.21 Construir una demanda de “salud” exige tiempo, dinero y recursos simbólicos. En general, entonces, se reprime o se posterga hasta que el problema explota.

Para no tener que abonar en los centros de salud privados, los vecinos tienen que cumplir con los rituales de excepción de pago, es decir, la tramitación de un certificado de pobreza en la municipalidad. Es el caso de una vecina, quien debe controlar el cuadro de diabetes de su hija eligiendo entre dos opciones: un policlínico privado de la zona o un hospital en la Ciudad de Buenos Aires al cual se llega también pagando, solo que esta vez con tiempo y dinero.

No tenés opción porque sí o sí tenés que pagarlo. En la sala no hay nada, en el Mercante no hay nada. Te tenés que ir a Capital, al Pirovano, al Gutiérrez. Yo soy fiaca y por eso no voy a los hospitales de Capital. Aparte no me alcanzaba la plata para llevarla a Capital. Y aparte yo digo, si acá tenemos un hospital por qué no ponen los insumos necesarios y no andar molestando a otro distrito.

En ese proceso de peregrinar por distintos servicios de salud la relación con los actores institucionales suele ser conflictiva.

¿Y cómo evaluás los servicios de los centros de salud de la zona?

Y mirá, por ahí lo que a mí no me gusta, por ejemplo, es que para conseguir un turno, tenés que madrugar siendo que en todos lados es lo mismo. Tenés que madrugar y a veces no lo conseguís. Por más que te vayas, que se yo, a las 4 o 5 de la mañana, ya hay gente. No conseguís. Por ejemplo, pediatra te dan 10 números. Por ahí te dan los 10 números también, por ejemplo, si es de la vista. Tenés que madrugar. Vos te vas, ponele, a las 8 de la mañana y ya te toca el turno 9. Y por ahí hay algunas cosas que tenés que pagar. Pero en la mayoría, por ejemplo, ecografía. La mayoría de las cosas tenés que pagar.

¿Y si no tenés plata?

Directamente te dicen andate o te mando a otro hospital. No es que te lo hacen gratis. No. Te mandan a pedir a la municipalidad. Pero cuando vas la asistente social nunca está. “Vení a tal hora”, vos te vas y no está.

¿Tenés que pasar por la asistente social para que te den qué?

Para que te dé la orden para que vos puedas hacerte algo que te cobran. Pero cuando vos necesitás, nunca está la asistente social.

En los relatos se estilizan elementos elocuentes de las “experiencias del bienestar” que permiten contemplar la contrastación entre lo propio, lo bueno y el lugar de los otros en relación a los recursos. Al igual de lo que sucedía con las experiencias de asistencia y ayuda directa, la atención de la salud a nivel local está atravesada por la desconfianza. Los servicios que les corresponden son percibidos como malos, en comparación con los otros y los actores institucionales (administrativas de los centros de salud, trabajadoras sociales de la municipalidad) atienden mal, retacean las cosas, se guardan información clave, acaparan turnos.

La gestión cotidiana de la salud se juega en el plano de la satisfacción de necesidades que van preocupando en grados diversos a las familias: las enfermedades de la infancia y los controles que exigen los planes sociales, la consulta obstétrica, los partos. Frente a estas, las mujeres, fundamentalmente, hacen uso de repertorios que regulan tácticas y desplazamientos por el espacio del barrio, el municipio y los hospitales de la Capital. Ante la fragmentación que caracteriza al sistema de salud, estos desplazamientos cotidianos –estos peregrinajes– procuran una suerte de articulación de los servicios. Esta situación que exige la interacción de rutina con actores organizacionales que aparecen acaparando recursos termina actualizando las diferencias entre ciudadanos de estos y otros territorios.

El otro espacio crítico en las experiencias del bienestar en la vida cotidiana de los barrios es la escuela. Según De Queiroz et al. (2010) las grandes ciudades generan un “efecto metrópoli”, es decir un régimen de condiciones desfavorables a la adquisición de conocimiento debido al efecto agregado de las siguientes dinámicas: vinculaciones inestables al mercado de trabajo; condiciones de la vivienda y del hábitat urbano con servicios deficientes o inexistentes; un clima creciente de violencia; una política educacional donde los objetivos tutelares desplazan a los pedagógicos, y a partir del cual la escuela termina transformándose en un aparato de gestión de la asistencia.22

La escuela es un espacio institucional crítico tanto a nivel de la reproducción ampliada de la vida como del orden simbólico que regula estos procesos. En efecto, en las experiencias de acceso al sistema educativo en áreas relegadas, lo más importante para resaltar es que en los razonamientos de los actores el deterioro de la educación pública está territorializado. Es en este barrio (o en estos barrios) donde las cosas no funcionan bien. Es decir que, a juicio de los vecinos, las escuelas que les corresponden brindan un servicio que “debería ser de otro modo” o que “debería ser como en otros lados”. En la casi totalidad de entrevistas realizadas hay una notoria apreciación de la situación desfavorable en relación a lo óptimo, a un criterio de igualdad. Así, el acceso efectivo a una escuela de baja calidad moldea un esquema de oportunidades devaluadas en el presente, y restringe las posibilidades y las oportunidades en el futuro.

La actitud más reflexiva en torno a la propia situación (y en contraste con lo bueno) se estiliza en el siguiente razonamiento típico: “si yo tuviera más dinero, o viviera en otro barrio no enviaría a mis hijos a esta escuela”. Frente a lo cual, si bien en algunos casos se detectan jugadas relativamente tácticas, lo que prima es más una práctica de adaptación. En efecto, hay mayor percepción y reflexión sobre la desigualdad, en este caso educativa, cuanto mayor es la fuerza y densidad de las nociones de derecho internalizadas. Y al revés, es menor cuanto más incrustada está la estructura de opciones desfavorable en la “naturaleza de las cosas”.

Esta alta capacidad de juicio en torno a los servicios educativos presente en el sentido común debe pensarse a contraluz de los imaginarios de integración social fuertemente internalizados en todos los sectores sociales. Evidentemente, a través de las generaciones, la idea del ascenso social y de la igualación de oportunidades –vía la educación pública– ha permitido consolidar una representación sobre los derechos y una definición de la educación deseada (óptima, buena, de calidad) que sigue reclamándose como legítima para los hijos propios. En una buena escuela se trata bien a los chicos y estos aprenden, las maestras no faltan y no hacen paro. Cabe preguntarse entonces cómo conviven estas imágenes de la “buena escuela” con las experiencias de las familias en áreas relegadas.

La escuela se encuentra bajo un manto de sospecha.23 En el conjunto de actores entrevistados existe una opinión preeminentemente crítica en relación a las escuelas públicas. En general, hay una apreciación dominante sobre la matrícula excesiva o mal distribuida, es decir, una cada vez más importante segmentación entre “buenas” y “malas” escuelas. Esto también define y recorta una alteridad –la de los niños y las familias que sí acceden a esas “buenas” escuelas– que refuerza un imaginario de desigualdad.

Los otros elementos cuestionados tienen que ver con el escaso compromiso de los docentes en la labor cotidiana de enseñanza –fundamentalmente su adhesión continua a los paros– y con el déficit edilicio. Finalmente, también se destacan los climas escolares deteriorados vinculados a cierta violencia no contenida. Hay chicos violentos que deterioran las instalaciones y que evidentemente no encuentran contención en las maestras y personal. Mientras que para algunos padres, las maestras han perdido el control, para otros –más críticos– han abandonado la pretensión de construir autoridad.

Así como en las otras instancias analizadas en este estudio, un aspecto clave a considerar es el relacional. ¿Cómo es la relación entre brokers de recursos o dueños de recursos y aquellos puestos sistemáticamente en condición de desventaja? ¿Qué sociabilidad contribuye a reproducir ese sistema de desigualdad?

Las chicas comen en el comedor pero a veces no se quieren quedar o se quejan por la calidad de la comida. Sándwiches de nada. O cada dos por tres se quedan sin gas para la comida. Yo a veces les pregunto por qué en algún tiempo cuando iba a la delegación que estuve ahí (se refiere a la casa del referente que funciona como delegación institucional) bajaban cajones de pollos… dónde está todo eso?

[...] los cocineros entraban con el bolsito flaquito y se iban los bolsos gordos. Y vos no podías revisarlos porque no tenías autorización. Yo pienso que se las tenían que dar a los chicos porque acá es gente carenciada que viene a comer nomás al colegio, que los chicos los tienen dando vueltas en comedores todo el tiempo.

Maestros que acaparan recursos o que no se comprometen con la enseñanza, porteros que se llevan cosas, directores que refuerzan libretos organizacionales importando las categorías externas de “necesidades verdaderas/pobres merecedores” de las que se habló en el apartado anterior.

Otra vecina comenta que sus hijos no van al comedor escolar por un principio de auto-exclusión. En este caso, el que promueve su aplicación es la directora del colegio, quien invoca el principio de la “verdadera necesidad”.

Dijo la directora que había un cupo muy chico, no es el cupo máximo que tienen y el que verdaderamente necesitaba se podía anotar. Y creo que está lleno el cupo, no me informé sobre el comedor.

¿Tu hijo va al comedor de la escuela?

No. No va al comedor porque supuestamente no hay cupos. Porque los chicos que realmente necesitan no tienen espacio. Me dijeron que el que cobra salario no puede ir al comedor.

Los hijos de otra vecina no asisten al colegio. Las razones que brinda la mamá aluden a barreras concretas que la repelen, como por ejemplo el cobro de una cooperadora –que ella no puede afrontar– o el hecho de no tener zapatillas. Otra entrevistada relaciona la repitencia de su hija con los paros y la desatención escolar. Lo que hubiese correspondido no ocurrió, el gabinete no la citó, no designaron maestro suplente a tiempo, en fin, la abandonaron en la situación:

¿Y tus hijos a qué escuelas van actualmente?

Ahora, no están yendo porque no hay… no había vacantes. Yo las había anotado a mis dos nenas por el asunto de los políticos, me dijeron que le iban a dar una beca a ellas. Yo había mandado a decir que no las podía mandar porque en ese tiempo no tenía zapatillas para los chicos, nada. No tenía ni siquiera un calzado. Los que tenía estaban todos rotos y… me las sacaron por eso. Yo le dije que no las mandaba por eso y me dijeron que eso no era problema de ellos, que ellos podían denunciarme porque los chicos no iban a la escuela

Entonces este año no fueron a la escuela

No, fueron un tiempo a apoyo escolar a unas cuatro cuadras, venían las maestras, les enseñaban y cuando ellos ya aprobaban, dijeron que lo iban a poner en la escuela y que iba a tener la beca. Supuestamente fuimos ahí, yo fui a la reunión en la escuela, salieron becadas, todo, y después pregunté a la directora por la beca y me dijo que no, que nunca existió la beca, que ellos no saben, dice…

¿Van al comedor tus chicos?

A veces. A veces van, a veces no

¿Cuál es el criterio de que vayan a veces y a veces no?

Ellos, porque a veces se les hace tarde y entonces ya comen acá y, cuando tienen tiempo, se van temprano y comen en la escuela

¿Es buena la comida, rica?

Es buena. Pero son injustos en repartir. Le reparten primero a los (porteros) y después a los chicos. Pasa lo mismo en todas las escuelas. Creo que en todas las escuelas de ahí pasa lo mismo

Mientras tanto, en las conversaciones sostenidas con el personal de las escuelas (directores, docentes, asistentes sociales y auxiliares) prevalece la idea de que una de las situaciones más difíciles por las que atraviesa la escuela hoy es la relación con los padres, en tanto estos dirigen a la institución escolar una serie de demandas exageradas e inapropiadas. Los padres intervienen con violencia en la rutina de las instituciones y pretenden controlar lo que sucede en ellas. Según estos relatos las demandas paternas en verdad son ilegítimas, ya que esconden la irresponsabilidad en el cuidado de los hijos y las dificultades para transmitir mensajes de compromiso claros donde se puedan poner como ejemplos.

Pero los conflictos hogar-escuela se enmarcan en una realidad de violencia social frente a la cual la institución escolar aparece como vulnerable. Para los padres la escuela pública está signada por la violencia y puede constituirse en un espacio poco cuidado y poco apropiado para sus hijos. Desde su perspectiva, son los maestros y el personal los que no hacen bien el trabajo de educación y contención. Desde el personal escolar, no obstante, el clima del hogar y deficiente calidad de los vínculos paternos sería la principal razón de la violencia y los problemas actitudinales de los estudiantes. Se trata de un escenario de imputación cruzada de culpas. Padres que exigen a la escuela una solución a los problemas de aprendizaje y de actitudes de los chicos y, por otro lado, directivos, maestros y administrativos que ven en los padres “beneficiarios crónicos”, es decir, familias desarticuladas y sin rutinas disciplinadoras.

Las caracterizaciones fijas de la población son recurrentes en las entrevistas: familias numerosas, desarticuladas, dependientes de la ayuda del Estado, expertos en planes sociales, acostumbrados a recibir. Familias que no pueden resolver adecuadamente un problema de salud y cuyos chicos pierden muchos días de clase. La reiteración cotidiana de estas caracterizaciones refuerza estereotipos y moldea la subjetividad de los barrios relegados.

A modo de cierre

Durante las últimas décadas, en el marco de un mercado de trabajo con altas tasas de desempleo y subempleo y al calor de un modelo de política social centrado en la focalización y la asistencia, los habitantes de espacios urbanos relegados han incorporado –con distintos niveles de estrategia y monitoreo reflexivo– no solo los recursos para la reproducción de la vida (subsidios, ayudas, alimentos) sino también las categorías de la retórica estatal del período. Así, por ejemplo, en los circuitos de sentido común de la vida cotidiana, la cuestión de la necesidad –su veracidad y su grado– se fue imponiendo como un organizador omnipresente del mundo, de la comprensión de la posición propia y la de los demás, tanto de los iguales como de los distintos, es decir, de aquellos que mediaron (o dispusieron) los recursos críticos en juego. En efecto, la reflexión pública ha tendido a girar en torno a ese micro-criterio de justicia, tiñendo con sus colores a la vida socio-política de estas comunidades típicas de los territorios asistidos y periféricos.

A su turno, la experiencia de los vecinos en relación a los servicios sociales universales de salud y educación permite iluminar otras facetas de las experiencias del bienestar. Mientras la concurrencia a la escuela responde a una lógica de relativa ciudadanización y obligatoriedad, la salud responde más bien a la lógica de la atención de la necesidad. Mientras la escuela es un potente estructurador de las rutinas en los espacios sociales donde esta regulación no necesariamente es impuesta por el mercado de trabajo, la atención de la salud (vacunación de los chicos, controles pediátricos y atención de urgencias y partos) supone una concurrencia ocasional. En otras palabras, sendos universos de prácticas presentan importantes diferencias. Sin embargo, un contenido potente las vincula: en ambas hay consumos relativamente “desmercantilizados” que hay que saber tomar, defender y validar y existe algo de lo propio y lo común o público que tiende a estar en peligro y que puede ser arrebatado por otros. Nuevamente, como en el caso de los programas sociales asistenciales, las creencias en torno a la escasez, la discrecionalidad y la injusticia distributiva han colonizado el lenguaje cotidiano.

Más allá de esta impronta, finalmente, el acceso en tiempo y forma a la salud de calidad y a una “buena escuela”, aparecen como umbrales de igualdad en la vida digna respecto de los cuales los vecinos piensan y experimentan lo que les toca. Y esa reflexividad remite, a quien quiere comprender, al mundo del sentido común, un registro de conocimiento práctico inercial, refractario al conflicto y a la disputa: un rumor social con capacidad de adormecer mareas.

Bibliografía

Auyero, J., Pacientes del Estado, Buenos Aires, EUDEBA, 2013.

–––– La política de los pobres, Buenos Aires, Manantial, 2001.

Berger P. y Luckman, T., La Construcción social de la realidad. Londres, Allen Lenna, 1970.

Bergson, H., Introducción a la metafísica. La intuición filosófica, Buenos Aires, Siglo veinte, 1979.

Belvedere, C., Problemas de fenomenología social A propósito de Alfred Schultz, las ciencias sociales y las cosas mismas, Buenos Aires, UNGS - Prometeo, 2011.

–––– La constitución de lo social. Aportes para el diálogo entre sociología y fenomenología, Los Polvorines, UNGS, 2012.

Bernstein R., La reestructuración de la teoría social y política, México, Fondo de Cultura Económica, 1982.

Burgwall, G., “Prácticas cotidianas de resistencia”, en Eduardo Kingman y Ton Salman (edit.), Antigua modernidad y memoria del presente. Culturas urbanas e identidad, FLACSO, Flacso, 1999.

Charmaz, K., “Grounded Theory: Objetivist & Constructivist Methods”, en Normand Denzin e Yvonna Lincoln (eds.), Handbook of Qualitative Research, California, Thousands Oaks, 2000.

Chiara, M. y Di Virgilio, M., Gestión social y municipios. De los escritorios del banco mundial a los barrios del Gran Buenos Aires, Buenos Aires, Prometeo-UNGS, 2005.

Chiara, M.; Di Virgilio, M., Moro, J; Ariovich, A; Jiménez, C., Repensando las relaciones entre desempeño y universalidad en los servicios de salud. Un estudio de caso en un municipio del Conurbano Bonaerense, mimeo, 2009.

Cravino, C.; Fournier, M; Neufeld, M y Soldano, D., “Sociabilidad y micropolítica en un barrio ´bajo planes´”, en Andrenacci, Luciano (org.), Cuestión social y política social en el Gran Buenos, Buenos Aires, Ediciones UNGS-Al Margen, 2001.

Danani, C., “América Latina luego del mito del progreso neoliberal: las políticas sociales y el problema de la desigualdad”, en Revista Ciencias Sociales, Nº 44, San Leopoldo, UNISINOS, 2008.

–––– “La gestión de la política social. Un intento de aportar a su problematización”, en Chiara,
Magdalena y Di Virgilio, Mercedes (comp.), Manual de la política social. Conceptos y herramientas, Los Polvorines, UNGS/Prometeo, 2009.

De Queiroz Ribeiro, L. C., “Segregación residencial y segmentación social: el “efecto vecindario”, en la reproducción de la pobreza en las metrópolis brasileñas”, en Sonia Alvarez Leguizamón (comp.), Trabajo y producción de la pobreza en Latinoamérica y el Caribe. Estructuras, discursos y actores, Buenos Aires, CLACSO-CROP, 2005.

–––– Kolinski, M., Alves, F. y Lasmar, C. (orgs.), Desigualdades urbanas, desigualdades escolares, Observatorio das Metropolis, IPPUR/UFRJ, Río de Janeiro, Letra Capital Editora, 2010.

Dubet, F., Repensar la Justicia Social. Contra el mito de la igualdad de oportunidades, Buenos
Aires, Siglo XXI, 2011.

Elster, J., Justicia Local, Barcelona, Gedisa, 1994.

Fournier, M. y Soldano, D., “Los espacios en insularización en el Conurbano Bonaerense. Una mirada al lugar de las manzaneras”, III jornada Anual de Investigación de la UNGS, 29 de noviembre de 2001.

Giddens, A., Profiles and critiques in social theory, Berkeley & Los Angeles, University of California Press, 1982.

Grassi, E., Políticas y problemas sociales en la sociedad neoliberal. La otra década infame (I), Buenos Aires, Espacio Editorial, 2003.

Gorlier, J., Comunidades narrativas. El impacto de la praxis feminista sobre la teoría social, La Plata, Ediciones Al Margen, 2004.

Habermas, J., Teoría de la acción comunicativa, II Crítica de la razón funcionalista, Madrid, Taurus, 1999.

Heller, A., Más allá de la justicia, Barcelona, Crítica, 1993.

–––– Una revisión de la teoría de las necesidades, Barcelona, Paidós, 1996.

Honneth, A., La lutte pour la reconnaissance, Paris, Les Editions du Cerf, 2002.

Kaztman, R., “Seducidos y abandonados: el aislamiento social de los pobres urbanos”, en Revista de la CEPAL, Santiago de Chile, diciembre, 2001.

Kellerhals, J; Modak, M. y Perrenoud, D., Le sentiment de justice dans les relations socials, París, PUF, 1997.

Kessler, G., “Principios de justicia distributiva en Argentina y Brasil. Eficacia global, igualitarismo limitado y resignificación de la jerarquía”, en Alejandro Grimson (comp.), Pasiones nacionales Política y cultura en Brasil y Argentina, Buenos Aires, Edhasa, 2008.

Krmpotik, C., El concepto de necesidad y políticas de bienestar. Una lectura comparada de Heller, Sen, y el GPID, Buenos Aires, Espacio editorial, 1999.

Minteguiaga, A. y Ramírez, R., “¿Queremos vivir juntos? Entre la equidad y la igualdad”, en Revista Ecuador Debate Nº 70, 2007.

Masson, L., La política en femenino: género y poder en la provincia de Buenos Aires, Buenos
Aires, Antropofagia/CAS-IDES, 2004.

Nuñez, P., “Arreglos territoriales y nociones de justicia en pugna. Estudio de caso en un asentamiento del sur del Gran Buenos Aires”, ponencia presentada en el IV Encuentro Anual de Investigación, UNGS, 2004.

Pita, M., Formas de morir y formas de vivir: una etnografía del activismo contra la violencia policial, Buenos Aires, Del Puerto/CELS, 2010.

Prévôt-Schapira, M.F., “Fragmentación espacial y social: conceptos y realidades”, en Perfiles Latinoamericanos (México), Nº 19, 2001.

Rawls, J., Teoría de la justicia, México, FCE, 1997.

Reygadas, Luis, La apropiación. Destejiendo las redes de la desigualdad, México, Antrophos, Universidad Autónoma metropolitana, 2008.

Schutz, A., Fenomenología del mundo social. Introducción a la sociología comprensiva, Buenos Aires, Paidós, 1970.

–––– Estudios sobre teoría social, Buenos Aires, Amorrortu, 1974.

Schutz, A. y Luckmann T., Las estructuras del mundo de la vida, Buenos Aires, Amorrortu, 1977.

Scribano, A. y Lisdero P., Sensibilidades en juego: miradas múltiples desde los estudios de las ciencias sociales y las emociones, Córdoba, CEA-CONICET, 2010.

Soldano, D., “La subjetividad a escena. El aporte de Alfred Schütz a las ciencias sociales”, en Federico Schuster (comp.), Filosofía y Métodos de las ciencias sociales, Buenos Aires, Manantial, 2002.

–––– “La desigualdad social en contextos de relegación urbana. Un análisis de las experiencias y los significados del espacio (Gran Buenos Aires, 2003-2010)”, en Di Virgilio, Mercedes y Perelman, Mariano, Ciudades latinoamericanas. Desigualdad, segregación y tolerancia, Argentina, CLACSO, 2014.

–––– “Territorio, asistencia y subjetividad en el Gran Buenos Aires (1990-2004)”, en Kessler, G. Svampa, M. y Gónzalez Bombal, I., Reconfiguraciones del mundo popular. El conurbano en la post-convertibilidad, Buenos Aires, Prometeo UNGS, 2010.

v “El Estado en la vida cotidiana. Algunos desafíos conceptuales y metodológicos de la investigación sobre política y biografía”, en Sabina Frederic y Germán Soprano (comps.), Política y variaciones de escalas en el análisis de la Argentina, Buenos Aires, UNGS-Prometeo, 2009.

–––– “Vivir en territorios desmembrados. Un estudio sobre la fragmentación socio-espacial y las políticas sociales en el Área Metropolitana de Buenos Aires (1990-2005)”, en Alicia Ziccardi (comp.), Procesos de urbanización de la pobreza y nuevas formas de exclusión social. Los retos de las políticas sociales de las ciudades latinoamericanas del siglo XXI, Bogotá, Siglo del Hombre Editores, Clacso-Crop, 2008.

–––– y Costa, M.I., “El Conurbano Bonaerense como territorio asistido. Pobreza, crisis y planes sociales”, en Kessler, Gabriel (comp), Historia de la Provincia de Buenos Aires, vol. 6, Buenos Aires, UNIPE-EDHASA, 2015.

Strauss, A. y Corbin, J., Bases de la investigación cualitativa. Técnicas y procedimientos para desarrollar la teoría fundamentada, Antioquia, Colombia, Editorial Universitaria de Antioquia, 2002.

Tilly, C., La desigualdad persistente, Buenos Aires, Manantial, 2000.

Vommaro, G. y Quiroz J., “Usted vino por su propia decisión: repensar el clientelismo en clave etnográfica”, en Revista Desacatos CIESAS, Nº 35, México, 2011.

Wacquant, L., Parias urbanos. Marginalidad en la ciudad a comienzos del milenio, Buenos Aires, Manantial, 2001.

–––– Los condenados de la ciudad. Gueto, periferia y estado, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007.

1 Para un análisis del enfoque de la relegación social y urbana como construcción institucional, véase Wacquant, 2001 y 2007.

2 Se trata de una investigación realizada entre los años 2002 y 2009 en la periferia noroeste de la Región Metropolitana de Buenos Aires, en el partido de José Clemente Paz, situado a 35 km de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Por los niveles e intensidad de la pobreza, los tipos de inserción al mercado de empleo, la situación de cobertura, la calidad de los servicios sociales y urbanos, y su relación con la ciudad central, la región analizada, como iré planteando, presenta un conjunto de características que permiten estilizar las condiciones y modos de vida en franjas metropolitanas periféricas.

3 Según Henri Bergson (1979), la vida cotidiana transcurre para el yo en la oscilación entre las dos actitudes: o bien, “su atención a la vida” le impide sumergirse en la durée (es decir, vive, piensa y actúa en uso de su conciencia espacio-temporal) o bien “relaja la tensión psíquica”, sumergiéndose en el fluir indiferenciado y continuo de sus vivencias. La corriente de la conciencia se ve alterada cuando efectuamos sobre ella un acto reflexivo. En ese momento, la estructura de las vivencias se transforma. El flujo de la duración se constituye en objeto de reflexión y clasificación dentro de una red conceptual espacio-temporal y, así, una vivencia adquiere entidad discreta y significado.

4 Para un análisis del encuentro entre la tradición filosófica de la fenomenológía y la sociología, y sus derivaciones metodológicas véase: Schütz (1970 y 1974); Schütz y Luckmann (1977); Berger y Luckmann (1970); Bernstein (1982); Belvedere (2011 y 2012); Charmaz (2000); Soldano (2002); Strauss y Corbin (2002).

5 En el desarrollo de la teoría de la acción comunicativa, Habermas (1999) reclama superar las actitudes científicas dominantes en el escenario epistemológico de su época: la actitud objetivante, propia de los positivistas y la actitud teorética propia de los enfoques fenomenológicos. Esta última supone una suspensión del juicio, una époche, cuando en verdad, lo único que confiere poder interpretativo y objetividad a la investigación es el involucramiento en el universo de sentido que funciona como contexto normativo de las acciones sociales. No hay posibilidad de comprensión sin enjuiciamiento.

6 Teniendo en cuenta la definición giddensiana de “agente” en tanto sujeto con cognoscibilidad y capacidad puede decirse que un ejercicio de monitoreo reflexivo debilitado restringe las posibilidades de los sujetos de ampliar el dominio de su conciencia discursiva y, por ende, de ampliar sus márgenes de acción y modificar las posiciones en la dialéctica de control. Hay, en efecto, una relación de incidencia directa entre “saber” y “poder”. De todos modos, como el mismo Giddens afirma, aunque pueda verse severamente restringida la capacidad de agencia se acaba solo con la muerte. Véase Giddens (1982).

7 Reconociendo cuatro principios de justicia: de mérito, de necesidad, de igualdad y de eficacia global, Kessler (2008) propone incorporar los procesos socio-cognitivos al análisis de la justicia. Así, percepciones subjetivas, atribución de causas, evaluación de consecuencias, pueden ser analizados sea como juicios evaluativos o como juicios estratégicos. Mientras los primeros operan a través de la elección de un principio y su contrastación con la realidad vivida, los segundos remiten a la elección de ciertos objetivos considerados positivos para la comunidad, hacia donde deben dirigirse las acciones. Justo es entonces aquello que se mueve en la consecución del fin buscado.

8 El Plan Vida fue el programa de asistencia alimentaria y salud materno-infantil más importante en la Provincia de Buenos Aires cuya ejecución se inicia en 1994 y continúa hasta la actualidad. Por su escala y modalidad de gestión basada en la proximidad entre mediadoras y beneficiarias adquirió a lo largo de sus primeros años de implementación una centralidad política y social indiscutida. Sus condiciones de focalización y acceso están notablemente institucionalizadas a nivel territorial. El PV (posteriormente denominado “Más Vida”) opera a través de una doble focalización: individual y geográfica. Las beneficiarias deben estar embarazadas, o ser nodrizas o madres con niños de 0 a 5 años que presenten riesgo nutricional. (Soldano-Costa, 2015 y Fournier - Soldano, 2001).

9 Para una reconstrucción del debate sobre necesidades véase Heller (1993 y 1996); Grassi (2003). Krmpotik (1999).

10 También es un tema importante para una sociología de las moralidades según la cual emociones y sentimientos presentan una fuerte vinculación con el orden moral y lejos de ser privados tienen una fuerte raíz sociocultural (Pita, 2010). Véase también para este tema el enfoque de las sensibilidades de Scribano y Lisdero (2010).

11 Criterios de justicia refiere a las ideas de justo e injusto que producen los sujetos en cada contexto histórico y espacial, en relación directa a sus haberes biográficos y los estilos de las instituciones socializadoras que los moldearon. Si bien el debate es complejo, se retoma la definición más consensuada del campo de la filosofía política: se percibe como justo aquello que se liga a (o se deriva de) una igualdad básica, de una igualdad de trato y de imposición de reglas y normas que no tiene en cuenta diferencias sociales. Una comunidad justa es aquella que permite una práctica de la justicia relativamente recíproca entre iguales. (Heller, 1993; Nuñez, 2004, Kellerhals 1997; Honnet, 2002; Rawls, 1997; Elster, 1994).

12 Esto es lo que Searle llama clases de reglas regulativas y constitutivas. Ambos contribuyen a estructurar la realidad que el sentido común toma por dada, pero que pueden variar históricamente (Winch, 1958). En el caso de la vida pública es fundamental advertir la centralidad de las reglas constitutivas objetivadas en las instituciones y cómo estas reglas definen una ética concreta a tal sociedad.

13 El plan Jefes de Hogar Desocupados (JHD) –que desde 2002 buena parte de los adultos del barrio recibía– tenía el objetivo de brindar ayuda económica y la incorporación de los jefes/as de hogar desocupados a la educación formal o su participación en cursos de capacitación que ayudara a su futura inserción laboral, prioritariamente en proyectos productivos de impacto ponderable como beneficios comunitarios. Por las mismas características de focalización incierta (o de universalización incompleta) el plan especificó, desde el inicio, una serie de criterios de accesibilidad para el universo de potenciales receptores muy amplio y complejo. El diseño expresó un primer desplazamiento del modelo neoliberal (que se profundizó más adelante con el Plan Familias), ya que su formulación contuvo algunos elementos novedosos: la pretensión de universalidad, un modelo de gestión apoyado en instancias de articulación de actores locales –los Consejos Consultivos– y la inclusión de un componente de emprendimientos productivos como alternativa de contraprestación al subsidio.

14 En el conjunto de las políticas asistenciales, y dado que en estas están en juego mucho más que alimentos o prestaciones puntuales, la implementación de programas asistenciales de empleo y habitacionales merecen un tratamiento particular. Estos programas constituyen un mirador extraordinariamente fértil para analizar las experiencias del bienestar y el papel de las definiciones sociales de necesidad. En la pugna por la vivienda se cuelan elementos de un tenor distinto e impacto mayor al del resto de los programas asistenciales. Aquí no hablamos de un subsidio, o de un bolsón de alimentos, hablamos de un activo cuya posesión cambia notablemente las condiciones materiales de vida de las familias, permitiéndoles de hecho, aunque no de derecho, la vivencia de un importante progreso.

15 El concepto refiere a los territorios atravesados y producidos por la política asistencial focalizada. Véase Soldano (2008), Cravino et al (2002).

16 Entiendo por clientelista el vínculo político caracterizado por su carácter subordinante, socavador de la solidaridad y reforzador de la heteronomía (Auyero, 2001 y Farinetti, 1998). Por oposición a la democrática, la interacción clientelar es verticalista, se sostiene en la necesidad del cliente de demostrar lealtad y cesión de poder al mediador (o broker) de la red y en el resultado siempre discrecional y opaco de la distribución de los recursos. No obstante, el clientelismo es más que un intercambio de bienes, favores y servicios por votos, y alude tanto a un modo general de percibir el mundo público como a un concreto y efectivo mecanismo de resolución de problemas; a un habitus, donde existen planteos tácticos y desafíos de los clientes a la pretensión hegemónica de los referentes, a una economía moral. (Vommaro-Quiroz (2011). Como señala Burgwall (1999), la ideología clientelar se ve permanentemente interpelada por las prácticas cotidianas de resistencia de los subalternos.

17 “Manzanera” fue el apelativo conferido a las trabajadoras comunitarias del Plan Vida. Ellas eran las efectoras directas a nivel barrial de este programa, quienes entregan leche y otros alimentos a las beneficiarias con una periodicidad que ha variado a lo largo del ciclo de implementación. Cada manzanera tiene a su cargo aproximadamente cuatro manzanas y cada veinte de estas se designaba una coordinadora. En el momento de la investigación en José C. Paz había 1.000 manzaneras y 230 comadres. Para un análisis de los efectos sociales, espaciales, identitarios y políticos de este rol de mediación en los barrios, véase Fournier-Soldano (2001) y Masson (2004).

18 Tan vieja como la caridad es la idea de que hay pobreza engañosa, aquella que ejercen los pobres que podrían no serlo si fueran laboriosos. En vez de insertarse responsablemente en el mercado de trabajo, estas personas ocupan sus vidas en engañar al sistema de ayudas haciéndoles trampa a sus controles de focalización. Esta discusión se despliega en el trabajo social como disciplina y técnica de intervención y como problema teórico crucial en el campo de la política social.

19 La asignación universal por hijo (AUH) para protección social, en vigor desde el año 2009, es una transferencia monetaria que se otorga por cada hijo menor de 18 años o discapacitado a personas desocupadas, que trabajan empleadas “en negro” o que ganan menos del salario mínimo, vital y móvil. Desde 2011, se incorporó la “asignación universal por embarazo (AUE) para protección social”, que se otorga a las futuras madres que se encuentren en las doce o más semanas de gestación.

20 Para un análisis pormenorizado de la accesibilidad al sistema de salud véase Chiara, Di Virgilio, Ariovich (2008).

21 Para un análisis sociológico de la espera, véase Scribano (2010) y Auyero (2013)

22 A través de los conceptos de segmentación social y segregación territorial, y de la línea de trabajo inaugurada en América Latina por Katzman (2001); De Queiroz et al. (2010) autores intentan explicar en investigaciones empíricas cómo se desencadenan mecanismos que bloquean el acceso efectivo de ciertos grupos a la estructura de oportunidades provistas por el Estado, el mercado y por la sociedad civil y sus efectos en la reproducción de las desigualdades sociales.

23 Para una ampliación de la discusión sobre la institución escolar, la cuestión de la inclusión social y sus lecturas, véase: Isla y Noel (2007); Kessler (2004); Corea y Lewkowicz (2004); Duschatzky (1999) y Duschatzky y Corea (2002); Gluz (2017).

x
Grandes proyectos como herramientas de creación y recuperación de plusvalías urbanas: ejemplos de Argentina y Brasil.
Beatriz Cuenya

Este trabajo parte de un interrogante presente en el debate latinoamericano en torno a los grandes proyectos: ¿implican estos una subvención al capital inmobiliario, a empresas privadas y a consumidores ricos, a expensas de recursos o patrimonio públicos; o bien el sector público puede capturar las plusvalías urbanas para redistribuirlas socialmente? Para avanzar una respuesta, primero se define el alcance conceptual de los grandes proyectos como herramientas de creación y recuperación de plusvalías urbanas. Luego se presentan algunos ejemplos de Argentina y Brasil, indicativos de tres estrategias de gestión por parte de los gobiernos locales: una regresiva, según la cual los nuevos entornos se financian a costa de recursos y patrimonio públicos; otra más redistributiva, que permite subsidiar a las zonas más pobres con los recursos generados en las zonas de redesarrollo, y una tercera más bien neutra que supone que el redesarrollo se autofinancia con recursos generados por los propios inversores privados y consumidores ricos.

x
GLOBALIZACIÓN Y CAMBIO EN EL SUR DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES.
Hilda María Herzer

Este artículo examina la vinculación entre globalización, territorio y ciudad, focalizando el análisis en un aspecto de ese proceso que comienza a darse con cierto ímpetu en la ciudad de Buenos Aires desde fines de la década de 1990 hasta el presente. Se trata del proceso de gentrificación que en estos años se ha desarrollado en distintos barrios. Se hace hincapié en el proceso que, desde la década de 1990, tiene lugar en la zona sur de la ciudad.

x
La cuestión de la vivienda en el Área
Metropolitana de Buenos Aires (2003-2008).
María Cristina Cravino

Este trabajo parte de un interrogante presente en el debate latinoamericano en torno a los grandes proyectos: ¿implican estos una subvención al capital inmobiliario, a empresas privadas y a consumidores ricos, a expensas de recursos o patrimonio públicos; o bien el sector público puede capturar las plusvalías urbanas para redistribuirlas socialmente? Para avanzar una respuesta, primero se define el alcance conceptual de los grandes proyectos como herramientas de creación y recuperación de plusvalías urbanas. Luego se presentan algunos ejemplos de Argentina y Brasil, indicativos de tres estrategias de gestión por parte de los gobiernos locales: una regresiva, según la cual los nuevos entornos se financian a costa de recursos y patrimonio públicos; otra más redistributiva, que permite subsidiar a las zonas más pobres con los recursos generados en las zonas de redesarrollo, y una tercera más bien neutra que supone que el redesarrollo se autofinancia con recursos generados por los propios inversores privados y consumidores ricos.

x
La juventud en plural: desigualdades, temporalidades e intersecciones.
Ramiro Segura

En este texto de presentación del dosier se plantean los ejes que se desplegaron en la mesa de un seminario en la que participaron especialistas en la investigación sobre juventudes con miras a establecer y profundizar el diálogo y el intercambio a escala regional sobre la temática, no solo en lo relativo a los desarrollos estrictamente académicos, sino también en lo que respecta tanto a las formas en que la investigación sobre juventudes desde las ciencias sociales se vincula actualmente con las políticas públicas como a los desafíos que la investigación social y la política pública sobre juventudes en la región tendrán en el futuro.

Se da cuenta de las miradas convergentes sobre el campo de estudio en juventudes y de las claves de lectura de los especialistas para reconocer la juventud en plural. En esta introducción se destaca cómo la desigualdad, las temporalidades y las intersecciones se constituyen en vectores analíticos desde los cuales se desagregan las juventudes como objeto de estudio.

x
Jóvenes entre el centro y la periferia de la ciudad, del Estado y de la academia.
Mariana Chaves

En este escrito se analizan someramente tres campos de producción de lo social desde la perspectiva de la dinámica centro-periferia. Estas categorías tienen cierto potencial creativo para pensar las relaciones de producción del espacio social, pero, además de la ayuda para espacializar relaciones entre diferentes potenciales de poder, estas nociones nos habilitan para estudiar el punto de vista del actor o la visión de mundo. Se trata de conocer quién o quiénes deciden nombrar y logran colocar algo como centro y otra cosa como periferia. Ofrezco como respuesta simplificada anticipada que es desde el lugar donde está posicionado el sujeto, desde donde ve y nombra el mundo. Con esta hipótesis buscaremos pistas para entender el juego de la producción social de: 1) la juventud urbana; 2) las políticas públicas y sociales, que “tocan” a los jóvenes, y fi nalmente; 3) la producción científica sobre juventudes.

x
Sensibilidades, derechos y participación juvenil en el escenario político
Itinerarios de investigación y agendas de discusión.
Pedro Núñez

Este artículo aborda la discusión acerca de las formas de participación política juvenil en el periodo entre 2008 y el ciclo político que termina con las elecciones presidenciales de 2015 en la Argentina, aunque se realiza el ejercicio de pensar qué dinámicas adquirieron estos fenómenos en países vecinos. La intención es proponer algunas claves y ejes a considerar como parte de un programa de investigación en la relación entre juventud y política. Para ello se analizan diferentes aspectos de las prácticas políticas juveniles, señalando aquellas cuestiones innovadoras en las formas de militancia como las que replican modos más tradicionales de involucramiento político.

x
Investigaciones sobre juventud en Brasil: género y diversidad.
Wivian Weller

El artículo recorre las formas y los momentos de la investigación sobre la juventud en Brasil desde el análisis del movimiento estudiantil durante la década de 1960 hasta los años 2000, cuando comenzaron a diversifi carse los estudios al introducir las dimensiones de género, sexualidad, raza y etnia, entre otras dimensiones de la diferencia y la desigualdad, para llegar a la inquietud en el presente sobre cómo superar cierta difi cultad de articulación de diferentes categorías de análisis en un análisis interseccional de la juventud.

x
Distancias cercanas y diferencias encontradas en la Ciudad de Buenos Aires. El caso de los adultos y las adultas que viven en las calles. 1997-2011.
Martín Boy

En este artículo se trabajará sobre las limitaciones que se encuentran en el campo de la Sociología Urbana para pensar el encuentro de otredades de clase que reactualizan procesos de desigualdad social. Mucho se ha escrito sobre el proceso de segregación residencial que atravesó a la Ciudad de Buenos Aires desde la profundización del neoliberalismo en la década de 1990 pero poco se dice sobre cómo la crisis social, política y económica modificó el paisaje urbano y cómo diferentes grupos de pobres reocuparon áreas centrales de la ciudad para desarrollar en el espacio urbano estrategias de supervivencia. De esta forma, se intentará reproblematizar cómo los pobres también construyen usos y significaciones de un mismo espacio céntrico.

x
Hacia un enfoque relacional del bienestar
Elementos para el diagnóstico y la orientación de políticas públicas
Rolando Cristao

En el presente trabajo se analiza críticamente el enfoque de pobreza y se propone el enfoque de los activos y estructura de oportunidades como herramienta para el diagnóstico social. A partir de este desarrollo, se discute en qué medida el concepto de desigualdad podría actuar como organizador del análisis de la situación social.

x
Programas sociales y personas en situación de calle en la ciudad de Buenos Aires
Un mapa conceptual de las intervenciones
Andrea Bascialla

El presente trabajo presenta un análisis resumido de las políticas sociales generadas por el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para personas en situación de calle. A partir de la sistematización de la información ofi cial disponible, se confeccionó un cuadro de los programas y se señalaron los conceptos más sobresalientes en relación a: i. qué ejes de la vida en la calle se recortan como problema social a solucionar; ii. qué responsabilidades atañen a cada actor social en estas soluciones y iii. qué aspectos de los grupos poblacionales se delimitan con determinadas categorías (edad, género, etc.). Se consideró el eje temporal para contextualizar las categorizaciones y esquemas de intervención. El análisis incluyó, además, los aportes teóricos vigentes sobre el tema para entender que la focalización en la falta de vivienda y la invisibilización de las causas estructurales impiden soluciones de largo alcance.

x
Entre prácticas instituidas, instituciones interpeladas y luchas distintivas:
la AUH frente a la ampliación del derecho a la educación (2009-2015).
Nora Gluz e Inés Rodríguez Moyano

El artículo propone analizar los sentidos que asumen las políticas de transferencias condicionadas de ingresos en el campo escolar, en el marco de las tendencias hacia la mayor integralidad de las intervenciones destinadas a garantizar el derecho a la educación durante el periodo 2009-2015 en Argentina. Nos interesa examinar el modo como estas son apropiadas en las escuelas a través de las mediaciones institucionales y de las tradiciones simbólicas propias del campo escolar así como de las lógicas de los actores que en ella intervienen. El trabajo toma como fuente los resultados de una investigación desarrollada entre 2013 y 2015 en la provincia de Buenos Aires sobre los procesos de implementación de la principal política de transferencias monetarias a nivel nacional: la Asignación Universal por Hijo para la Protección Social.

x
Las tensiones de las condicionalidades de la Asignación Universal por Hijo desde la perspectiva de los actores.
Laura Eugenia Garcés

Al analizar las políticas sociales, podemos posicionarnos en perspectivas teóricas que justifican el establecimiento de condicionalidades o, por el contrario, en perspectivas que se oponen a aquellas por considerar que contradicen la idea de derecho. En tanto, en el presente trabajo pretendemos problematizar esas respuestas dicotómicas y las tensiones conceptuales que están presentes en las percepciones de los actores involucrados en la Asignación Universal por Hijo de Argentina, analizando los sentidos otorgados a estos conceptos, ya no como correctos o incorrectos según una perspectiva teórica sobre las condicionalidades, sino complejizando el análisis, articulando con otros desarrollos teóricos que amplíen el horizonte explicativo de la condicionalidad y que, al mismo tiempo, den cuenta de las miradas de los sujetos involucrados en la práctica concreta de las condicionalidades.

x
Las políticas de transferencias condicionadas en la Argentina posconvertibilidad:
¿una forma de mediación entre la cuestión social y el régimen social de acumulación?
Silvio Alejandro Crudo

En las últimas décadas se advierte la expansión que han tenido los programas de transferencias condicionadas (PTC) en los esquemas de protección social, así como sus mutaciones en términos de diseño. Si varios son los factores que ayudan a comprender los procesos de formulación de las políticas sociales, nos centraremos en uno: el régimen social de acumulación en el que se encuentran insertas. El interrogante que guiará este trabajo será: ¿qué relaciones se pueden establecer entre los PTCI y el régimen social de acumulación que contiene? Para responderlo, tomaremos los casos de dos programas argentinos: el Plan Familias por la Inclusión Social y la Asignación Universal por Hijo para la Protección Social. La hipótesis que sostendremos es que estos programas se actualizan como una forma de mediación entre la cuestión social y el incipiente régimen social de acumulación que se estaba definiendo tras la salida de la convertibilidad. Para ello, recurriremos a decretos y reglamentaciones de los programas tomados como casos, documentos institucionales y datos estadísticos.

x
¿Cooperativismo como oportunidad perdida? Problemas estructurales y coyunturales del cooperativismo bajo programas
Pilar Arcidiácono y Ángeles Bermúdez

El artículo analiza el campo del cooperativismo de trabajo bajo programas a partir del caso del Programa “Ingreso Social con Trabajo” (Prist). Se abordan cuestiones estructurales y cambios de coyuntura apelando a la metáfora de bisagras de gestión. Se sostiene que las modificaciones impulsadas por el gobierno de Cambiemos se erigen y legitiman sobre un conjunto de supuestas “debilidades preexistentes” del programa, donde el esquema cooperativo comenzaba a perder centralidad. Hasta el momento, la nueva gestión brinda mayor preponderancia a las actividades de formación con una nueva versión de la teoría de capital humano y al componente de las transferencias de ingresos. Este trabajo deja abiertos interrogantes sobre las posibilidades futuras y disputas en torno al Prist y a la línea del cooperativismo de trabajo bajo programas entre posiciones más próximas al reconocimiento de nuevas formas de trabajo autogestivo-asociativo que persiguen sectores de la economía popular, por un lado, y propuestas gubernamentales de corte individual que tienden a descolectivizar el abordaje de la política pública.

x
De la promoción del trabajo cooperativo al Salario Social Complementario. Transformaciones en la transferencia de ingresos por trabajo en la Argentina
Malena Victoria Hopp

A partir del trabajo de campo cualitativo y el análisis documental, el artículo reconstruye y analiza la estrategia de política social del Estado argentino ligada a las transferencias de ingresos en el marco de experiencias de trabajo cooperativo y en la economía popular, y las disputas en torno a los sentidos del trabajo y la organización colectiva que estas implican. En este recorrido, se indaga acerca de los fundamentos de la inclusión del trabajo cooperativo como marco de realización de las tareas laborales y como condición para el otorgamiento de una transferencia directa de ingresos, en el período 2003-2015, y la ruptura que plantea la nueva orientación de las políticas sociales que propone transferencias “sin cooperativas” y la creación de un Salario Social Complementario, impulsados por la nueva gestión de Gobierno, iniciada en diciembre de 2015.

x
La lucha por un lugar en Buenos Aires.
Crisis de la vivienda y boom inmobiliario (1990-2010)
Marie-France Prévôt-Schapira

En el marco del programa Metraljeux de estudio sobre cuatro metrópolis de América Latina, este trabajo parte de la idea de que en Buenos Aires, como en otras ciudades de la región, los modelos de gobernanza son producto de las lógicas políticas e institucionales que caracterizaron las trayectorias de las metrópolis así como su inserción en la globalización. El análisis propuesto, elaborado como resultado de un trabajo de campo en las ciudades de México y de Buenos Aires en los años 2008-2010, permitirá entender los modos de la gobernanza de la vivienda en Buenos Aires, paradójica con respecto a las otras metrópolis de América Latina.

En primer lugar, se establecen, en una perspectiva histórica, las nuevas formas de precariedad y vulnerabilidad de la vivienda en la Ciudad de Buenos Aires en los años 2000. Luego se pone el foco en el desfasaje entre el derecho a la vivienda reconocido por la Constitución de la Ciudad Autónoma (CABA) y las políticas implementadas para responder a la apremiante demanda habitacional, privilegiando el análisis de las lógicas políticas e institucionales. Por último, se muestra cómo la concentración de programas de vivienda social, la mayor parte de ellos confinados en el sur de la ciudad, profundiza los procesos de segregación existentes, endurece las fronteras entre distintos barrios y exacerba las tensiones.

En fin, el artículo sostiene que la pregunta por quién se apropia del espacio es clave para hacer inteligible la dinámica y las posibilidades de la gobernanza metropolitana.

x
Bienestar infantil y diversidad familiar.
Infancia, parentalidad y políticas públicas en España
Dolors Comas-d´Argemir

El reconocimiento de la diversidad familiar es un componente esencial para el bienestar de la infancia. Las familias han experimentado fuertes cambios en su composición y relaciones internas y esto es especialmente relevante en la España de los últimos cincuenta años, en que se ha pasado de un modelo familiar único (matrimonio heterosexual con hijos) a una diversidad de formas de convivencia y a una democratización de las relaciones entre hombres y mujeres y entre generaciones. En este artículo presentamos las políticas públicas dirigidas a la infancia, con especial referencia a las relacionadas con el reconocimiento de las nuevas realidades familiares. Constatamos que las políticas de infancia y las políticas familiares han sido de poca entidad y de gran fragilidad en España y que los avances que se produjeron a finales del siglo XX, coincidiendo con el desarrollo del Estado del bienestar, se han visto truncados con la gran depresión económica y las políticas neoliberales de austeridad, que limitan la responsabilidad del Estado y sitúan a la familia como garante del bienestar infantil, acentuando el riesgo de pobreza infantil. Es en este contexto en el que hay que interpretar la escasa sensibilidad pública hacia las nuevas necesidades de las nuevas familias.

x
Los sistemas de registro de información como instrumentos para la gestión de políticas públicas para niñas, niños y adolescentes.
El caso de la Ciudad de Buenos Aires
Cristina Erbaro y Verónica Lewkowicz

El compromiso asumido por la Argentina, como Estado Parte de la Convención sobre los Derechos del Niño, y las leyes nacionales y locales de protección integral de derechos requieren del seguimiento de su implementación en las políticas públicas. En ese marco, una de las tareas más importantes es la construcción de sistemas de registro que brinden información sobre el acceso a los derechos de niñas, niños y adolescentes. En el presente trabajo se reflexiona sobre el Legajo Único Electrónico, primer sistema para el registro de situaciones de amenaza o vulneración de derechos, de uso exclusivo de todos los servicios y programas de atención directa del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

x
Autoritarismo, espacio urbano y sectores populares
A propósito de Merecer la ciudad: los pobres y el derecho al espacio urbano, Oscar Oszlak (2017). Ciudad de Buenos Aires: Eduntref. Segunda edición ampliada
Fernando Ostuni

El compromiso asumido por la Argentina, como Estado Parte de la Convención sobre los Derechos del Niño, y las leyes nacionales y locales de protección integral de derechos requieren del seguimiento de su implementación en las políticas públicas. En ese marco, una de las tareas más importantes es la construcción de sistemas de registro que brinden información sobre el acceso a los derechos de niñas, niños y adolescentes. En el presente trabajo se reflexiona sobre el Legajo Único Electrónico, primer sistema para el registro de situaciones de amenaza o vulneración de derechos, de uso exclusivo de todos los servicios y programas de atención directa del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

x
Los desafíos de la justicia escolar.
François Dubet

El gran proyecto escolar moderno se fundó en la mayoría de los países entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, cuando se construyeron los sistemas educativos públicos nacionales con la misión de escolarizar a todos los niños. En esos años de fuerte confianza en la educación, dos grandes proyectos se afirmaron: un proyecto de justicia social y un proyecto de emancipación. Uno se basa en la creencia en la capacidad de la escuela para promover una jerarquía social justa basada en el mérito de los individuos y no solo en los privilegios debidos a su nacimiento; el segundo postula que la escuela puede formar ciudadanos autónomos y solidarios en el marco de las sociedades nacionales democráticas. En este artículo se analizan esos dos proyectos, el de la justicia y el de la educación, para distinguir sus diversas dimensiones e intentar definir los desafíos a los que hoy nos enfrentamos. Se sostiene, en líneas generales, que en tanto los sistemas educativos están insertos en las sociedades, cuanto más justa e igualitaria es una sociedad, más probabilidades tiene la escuela de ser ella misma justa e igualitaria. Porque si bien la escuela interviene sobre la sociedad, no está quizás en condiciones de “salvar el mundo”.

x
Las continuas mejoras en la distribución del ingreso en Argentina entre 2003 y 2015.
Ana Laura Fernández y Mariana L. González

El período 2003-2015 puede caracterizarse en su conjunto en términos socioeconómicos por el crecimiento de la economía, la mejora en las condiciones laborales y la ampliación de las políticas sociales y de seguridad social. Entre estos años se produjo, a su vez, una mejora continua en la distribución del ingreso, que implicó una reversión respecto de la tendencia regresiva que se había verificado desde los años de la última dictadura militar. En este marco, el objetivo de este trabajo es analizar la evolución de la distribución de los ingresos familiares e individuales durante esta etapa indagando en su asociación con diferentes factores tales como la dinámica del mercado de trabajo, los ingresos laborales y no laborales. El análisis se basa en una periodización fundamentada en la dinámica macroeconómica y de las variables analizadas, que distingue tres subetapas. La principal fuente de información es la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC.


El estudio permite concluir que la menor desigualdad en los ingresos familiares no solo se relaciona positivamente con una mejora en la distribución de los ingresos laborales sino también con el efecto diferencial del aumento de la ocupación y las variaciones en la tasa de actividad, y la menor precariedad en el empleo. Del mismo modo, es fundamental en la explicación la ampliación del régimen previsional y el aumento real de los haberes jubilatorios, mientras que las políticas sociales de transferencias monetarias tienen un rol también positivo, pero de menor intensidad.

x
La desigualdad regional de ingresos en la Argentina de las últimas décadas
Impacto redistributivo del Estado y contribución regional a la inequidad urbana
Gabriel Calvi y Elsa Cimillo

En este trabajo se aborda el fenómeno de la desigualdad de ingresos personales en los distintos agrupamientos urbanos (regiones y aglomerados) de la Argentina y su evolución en los últimos veinte años. El estudio se concentrará en dos aspectos: 1) la evolución de la desigualdad y del impacto redistributivo de las transferencias estatales (contributivas y no contributivas) a nivel regional; 2) el aporte de cada área a la desigualdad del total urbano.


Para el primer aspecto abordado se analizarán coeficientes de Gini de ingreso per cápita familiar (IPCF), antes y después de transferencias estatales. En este punto se procederá comparando ambos tipos de coeficientes, asumiendo que la diferencia es un buen indicador del efecto redistributivo de la intervención del Estado. La comparación será realizada para cada uno de los agrupamientos territoriales en los distintos años considerados.


El segundo aspecto, de mayor complejidad, es el relativo a la contribución de regiones y aglomerados a la inequidad del total urbano en el período analizado. La desigualdad de IPCF del total urbano resulta de incluir en un único ordenamiento jerárquico (distribución) los ingresos individuales (IPCF) de distintas áreas geográficas, que presentan heterogeneidades en términos de tamaño poblacional y nivel de ingresos. Esta mayor o menor heterogeneidad (entre regiones o aglomerados) origina contribuciones diferenciales a la desigualdad total. La metodología utilizada en este punto es una adaptación del procedimiento de descomposición del Gini por fuentes de ingreso elaborado por Lerman y Yitzhaki (1985) y difundido por CEPAL en 2008 (Medina y Galván, 2008). La adaptación aquí realizada consiste en considerar los ingresos de los residentes de cada región o aglomerado como fuentes distintas del ingreso total urbano.


En la definición de las áreas urbanas se sigue la clasificación de agrupamientos territoriales que emplea el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), fuente de información utilizada en este trabajo. Nos referimos a las seis regiones estadísticas definidas por el INDEC (Gran Buenos Aires, Cuyo, Noreste Argentino, Noroeste Argentino, Patagonia y Pampeana) y a los distintos aglomerados urbanos relevados por la encuesta (cuya cantidad ha variado desde los inicios de la EPH).


El estudio es precedido por una sección en la que se describe brevemente la evolución de la desigualdad de ingresos entre 1993 y 2013, y que nos permite identificar las etapas a partir de las cuales será estilizado el análisis. Un último punto queda dedicado a las conclusiones que se desprenden de las evidencias aportadas.

x
Producción de bienestar y estructura social en perspectiva comparada:
Reino Unido, España y Argentina
Jésica Lorena Pla y Emilio Jorge Ayos

Este artículo analiza la composición de ingresos y su relación con la estructura social, a partir de una perspectiva comparativa, seleccionando los casos de Reino Unido, España y Argentina. Retomamos la discusión sobre las formas de articulación entre las diferentes instituciones que participan en la provisión del bienestar, Estado, Mercado y Familia, aprendiéndolas a partir de la desagregación de los ingresos por fuente (laboral, no laboral, y en este último caso, su composición), abordados comparativamente a partir de la unidad de análisis individuo y la unidad de análisis hogar.


Utilizamos los microdatos de las siguientes fuentes: la Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Argentina), la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (España - 2013 en cada caso) y su versión inglesa European Union Statistics on Income and Living Conditions (2009).


El instrumento de medición utilizado para analizar la evolución de la estructura de clases en relación al mercado de trabajo fue el esquema de clases de Erikson, Goldthorpe y Portocarero (Goldthorpe y Heath, 1992).

x
Desigualdad de oportunidades de graduación universitaria en Argentina (1975-2015):
Efectos del territorio, la clase social de origen y el nivel educativo familiar
Pablo Dalle, Paula Boniolo, Bárbara Estévez Leston y Joaquín Carrascosa

El artículo analiza la incidencia del origen social familiar y el territorio en la desigualdad de oportunidades de graduación universitaria en Argentina y su evolución a través de cuatro cohortes nacidas entre 1945 y 1985. Se utiliza una metodología cuantitativa que combina el análisis de dos fuentes de datos secundarios: la Encuesta Nacional sobre Estructura Social de 2015 y el Censo Nacional de Personas, Hogares y Viviendas de 2010. Se utilizaron técnicas estadísticas descriptivas: tablas de contingencia, gráficos y mapas, e inferenciales: modelos log-lineales y de regresión logística multivariados. Las pautas observadas sugieren que la escasa expansión de la graduación del sistema universitario en las últimas décadas ha implicado, hasta el momento, una ampliación de la desigualdad de clase en el logro de credenciales universitarias en la cohorte más joven, esto es, mayores ventajas para quienes provienen de clases medias. El nivel educativo del hogar de origen es la variable que más influye en la graduación universitaria y su efecto sobre la desigualdad de oportunidades se mantiene constante a través de las cohortes. Asimismo, el estudio brinda evidencia en favor de que la región de nacimiento y de residencia actual contribuye a delinear la desigualdad de oportunidades educativas.

x
Procesos de exclusión en las políticas sociales:
explorando los perfiles de la población no perceptora de la Asignación Universal por Hijo
Agustín Salvia, Santiago Poy y Ianina Tuñón

Está ampliamente probado que las instituciones laborales y de seguridad social asociadas a los mercados de trabajo formal constituyen el principal mecanismo de inclusión social sistémica en economías de mercado (OIT, 2017). No obstante, la reconfiguración productiva y sus efectos sobre el empleo y la exclusión a escala global condujeron a muchos gobiernos a desarrollar sistemas de protección paralelos a tales mecanismos (CEPAL, 2018). En América Latina, estos sistemas han adoptado la forma de programas de transferencias condicionadas de ingresos, orientados a la lucha contra la pobreza y concebidos como instrumentos transitorios hasta que los beneficiarios logren una mejor inserción en el mercado laboral. Si bien han tenido efectividad para paliar situaciones de pobreza extrema, en distintos países se ha constatado su insuficiencia para superar exclusiones o autoexclusiones sociales y promover formas más plenas de inclusión social sistémica.


A partir de 2009, el gobierno argentino implementó un sistema de transferencia condicionada de ingresos –la Asignación Universal por Hijo–, destinado a hogares con niños y adolescentes cuyos padres fueran trabajadores informales, desempleados o inactivos y no tuvieran acceso a otros mecanismos de protección social. La literatura ha abordado distintas aristas de esta política. Adoptando un enfoque crítico sobre el carácter universal, transitorio e inclusivo de esta iniciativa, este artículo aborda un aspecto poco explorado: el perfil socioeconómico, demográfico, laboral y residencial de aquellos potenciales beneficiarios excluidos o autoexcluidos del programa. Se parte de la hipótesis de que se trata de una población heterogénea, atravesada por diferentes clivajes y grados de marginalidad social, cuyas particulares condiciones constituyen el principal factor de exclusión.


La fuente de información son los microdatos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina correspondientes al período 2010-2015. Sobre las bases apiladas se aplican modelos de regresión, análisis factoriales y construcción de clústeres que permiten caracterizar y tipificar los diferentes procesos sociales de exclusión subyacentes a los perfiles socioeconómicos, demográficos, laborales y residenciales presentes en una población de niños y adolescentes elegibles no beneficiarios de la AUH.

x
Políticas sociales y simbolismo del trabajo en Argentina
Desigualdad, apropiaciones y sentidos vividos en el espacio social de Córdoba
Gonzalo Assusa

El artículo aborda la relación entre políticas sociales y desigualdad en la Argentina contemporánea. Para ello, plantea su análisis en dos dimensiones paralelas e interconectadas. La primera refiere al lugar de las políticas sociales como instrumento de reproducción social y al modo en que se inserta en una serie de estrategias de reproducción social de las familias para sostener o mejorar su propia posición en el espacio de las clases sociales. La segunda refiere a cómo las políticas sociales (denominadas coloquialmente “planes sociales") pasan a formar parte de un acervo común de categorías simbólicas que se ponen en juego en la construcción de fronteras simbólicas que distinguen legitimidades, dignidades y prestigios diferenciales entre personas. Con este objetivo, el artículo propone una articulación de métodos, combinando procesamiento estadístico multifactorial de bases de datos como la ENES-PISAC, con un extenso trabajo de campo cualitativo que va desde entrevistas en profundidad hasta registros etnográficos.

x
Las transformaciones en las prácticas de los sectores populares organizados a partir de la implementación de la Asignación Universal por Hijo
Victoria D’Amico

En este artículo exploramos las reconfiguraciones de la relación entre sectores populares y Estado a partir del análisis del modo que adoptó la inscripción de la AUH en las redes de sociabilidad política local de una organización socioterritorial, el Movimiento Justicia y Libertad en la ciudad de La Plata, entre 2011 y 2015. Sostenemos que la implementación de la AUH conllevó dos transformaciones simultáneas en las prácticas de los sectores populares organizados. Por un lado, reprodujo el sentido oficial de que la política es gestionada directamente por el Estado nacional. Al hacerlo, las organizaciones se distanciaron del carácter disruptivo con que habían disputado previamente su papel protagónico como mediadoras en la gestión de políticas sociales y, como consecuencia, se produjeron procesos de individualización de los sectores populares.


Por otro, las organizaciones reconfiguraron su trabajo territorial a través de su participación en otros programas sociales. Las cooperativas del Programa de Ingreso Social con Trabajo, más conocido como “Argentina Trabaja”, operaron como núcleos de articulación de recursos, tareas y demandas al Estado en el entramado local. Reconstruimos empíricamente las tensiones irresueltas que ambos procesos generaron en las experiencias de ciudadanización y desigualdad, particularmente para las mujeres.

x
Experiencias del bienestar
Para una comprensión de la política social desde el sentido común
Daniela Soldano

Conseguir trabajo, agua potable, una bolsa de alimentos, un turno médico, un lugar donde vivir, o un cupo en la mejor escuela pública del barrio, constituyen desafíos que enfrentan a diario los vecinos de las barriadas relegadas de las ciudades en nuestra región. Estos desafíos permiten advertir dos registros del orden socio-político: la estructura desigual que da forma a sus condiciones de vida y las prácticas efectivas de reproducción social. Entre ambos, se ubica el sentido común, un nivel de conocimiento experiencial, potente para orientar dichas rutinas cotidianas y con capacidad para “suturar” simbólicamente las fracturas de una sociedad atravesada por la desigualdad socioeconómica. Este artículo propone la comprensión de lo que se denominará “experiencias del bienestar” –del Estado y la política social–, en las que entran en escena un conjunto de razonamientos evaluativos que atañen a la calidad de los recursos públicos, a la efectividad y legitimidad de su mediación y al grado de justicia presente en su distribución en los diferentes territorios.

x
Cuando la desigualdad y la pobreza pasaron a ser problemas de la gerencia social
Notas sobre el caso de los think tanks en los noventa
Adriana Clemente

Este artículo problematiza sobre la orientación y las características de las fuentes de conocimiento y el asesoramiento brindado para el diseño de los programas sociales y el tratamiento de la pobreza que se realizaron como parte de la cooperación técnica para el desarrollo en la década de los noventa. El análisis focaliza el rol de los dispositivos institucionales que actúan en torno a procesos de vinculación tecnológica y social con la vocación de incidir en la agenda pública (think tanks), particularmente los asociados al ámbito académico inscriptos en el campo de las políticas sociales y el desarrollo.

x
¿Es el territorio un “accidente” para las políticas de salud? Aproximación conceptual y reflexiones desde la investigación social.
Magdalena Chiara

El trabajo se propone introducir la perspectiva territorial para pensar las políticas de salud. Sin pretender negar la complejidad inherente al sector, busca identificar otros pliegues en los que la política se de-construye y vuelve a construirse en territorios determinados. Partiendo de entender la salud como “campo abierto” y pasando revista a distintas contribuciones del enfoque territorial, el trabajo busca colocar el territorio más allá del escenario en el que las políticas se despliegan. En este movimiento, se detectan nuevas preguntas, aparecen otros problemas y se develan nuevos actores.

x
El escenario participativo de base popular en el Gran Buenos Aires en tiempos neoliberales: huellas de la historia reciente y cambios emergentes.
Adriana Rofman

El artículo busca reconstruir la historia reciente de los modelos de participación de la sociedad civil de base popular en las políticas públicas, en Argentina. El objetivo es identificar las huellas de las experiencias previas y los cambios emergentes, en el escenario participativo popular actual. Esto es, rastrear las características principales de las formas históricas de organización de la sociedad civil popular, sus agendas y sus modos de relacionamiento con el Estado, con el fin de identificar persistencias y cambios a lo largo del recorrido. Para ello, se analizan tres períodos históricos: la etapa de surgimiento y desarrollo de las articulaciones entre la sociedad civil popular y el Estado durante el siglo XX; las profundas transformaciones producidas por la implantación del neoliberalismo y la consecuente crisis de fin de siglo; y el momento de recuperación del protagonismo estatal, junto con la expansión e institucionalización de estos espacios. Por último, se describe el panorama actual, de los primeros años de gobierno de Cambiemos, enfocando en los rasgos persistentes y las novedades emergentes.

x
Los Consejos Locales de Niñez y Adolescencia: institucionalizando la participación de la sociedad civil en la producción de la política pública de infancia a nivel local en el Conurbano Bonaerense.
Carolina Foglia

En este trabajo nos concentraremos en el abordaje de los Consejos Locales de Niñez y Adolescencia, dispositivos locales del sistema de promoción y protección de derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de la provincia de Buenos Aires, desde la perspectiva de la participación ciudadana. Consideramos que estos dispositivos institucionalizan territorialmente la participación de las organizaciones sociales locales en la política de infancia de un modo diferente al observado durante la década de 1990, el cual se centraba en la provisión de bienes y servicios y la ejecución de tareas en el marco de programas estatales. Si bien este es un rol que las organizaciones sociales continúan desempeñando, la conformación de los Consejos Locales jerarquiza un papel ligado al diagnóstico de los problemas locales y a la planificación de iniciativas.

x
¿Cómo es posible que una toma de tierras se convierta en un barrio popular planificado? Condiciones y actores intervinientes en un caso de la periferia de la ciudad de La Plata.
Florencia Musante

El presente artículo analiza las condiciones de posibilidad de una toma de tierras en la periferia de la ciudad de La Plata y se pregunta por el modo en que la intervención y articulación de distintos actores configuró en el territorio un escenario particular, que lo llevó a convertirse en un barrio popular planificado. La toma tuvo lugar en el año 2015 en Abasto, localidad del oeste de la ciudad de La Plata, y se volvió emblemática por una serie de condiciones que la particularizaron: su masividad –se trata de una toma de 56 hectáreas que nuclea a más de mil familias– y la velocidad con que se logró iniciar un proceso expropiatorio, que dio lugar a distintas intervenciones estatales. Sostenemos que existe una serie de condiciones de posibilidad –la coyuntura política, la intervención estatal y la dinámica de la organización colectiva– que permiten entender la singularidad del proceso.

x
Territorios móviles, políticas sociales y prácticas de organización de trabajadores de la economía popular.
María Inés Fernández Álvarez

Este artículo sintetiza resultados de una investigación etnográfica en curso con una cooperativa de vendedores ambulantes del Ferrocarril San Martín que integran la Confederación de los Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). Aun cuando la cooperativa se conformó en el año 2015, los vendedores del tren han mantenido, a través de generaciones, “códigos de vida” que organizan su actividad, dentro de las que cobran centralidad las relaciones de parentesco, incluyendo la forma en que la idea de familia es empleada para hablar de los vínculos que se tejen en “el fierro”, tal como prefieren denominar al tren. Este proceso de formalización como cooperativa se vuelve inteligibile a la luz de un proceso más amplio de producción y disputa de formas de reconocimiento, protección, bienestares y derechos colectivos como trabajadores en el marco de la CTEP, dentro del que se destaca la implementación del Salario Social Complementario. En este artículo, me propongo analizar la dinámica de este proceso de organización y la implementación de esta política en un territorio particular marcado por la movilidad de las personas, los vínculos, las prácticas y los espacios que lo producen. Por una parte, esta condición desafía las formas modales de hacer política que caracterizan las organizaciones marco en las cuales la cooperativa se inserta. Por otro, la implementación de esta política desborda los límites del espacio del tren como territorio para proyectar y construir vínculos desde y hacia los barrios donde habitan los vendedores. Atendiendo a estas dos dimensiones, me propongo reflexionar sobre la heterogeneidad de los territorios en los que se despliegan las formas de organización de la economía popular con relación a las políticas públicas destinadas a esta población.

x
El territorio, la comunidad y la autonomía: ¿discursos mitológicos en los programas sociales destinados a jóvenes “en riesgo”?
Marina Medan

Desde inicios del 2000 en la Argentina se implementan programas de inclusión social y prevención social del delito destinados a jóvenes “en riesgo”, en los cuales el abordaje territorial y comunitario es distintivo. Este artículo describe y analiza los sentidos y prácticas que tal enfoque supone, tanto desde la perspectiva de los agentes institucionales como desde la de los jóvenes. Los resultados se discuten a la luz de la literatura que aborda las relaciones entre el Estado, el territorio y la comunidad, y se resalta el potencial analítico de la noción de “margen” (Das y Poole, 2008) para problematizar el funcionamiento estatal. Finalmente, se coloca una nueva hipótesis a partir de los hallazgos: las definiciones institucionales sobre el territorio y la comunidad como epicentro de los riesgos que aquejan a los jóvenes, en articulación con la reivindicación de la autonomía juvenil para lidiar con ellos, podría generar un discurso mitológico (Haney, 2010) que provocara más desempoderamiento que emancipación. Los datos analizados provienen de investigaciones cualitativas desarrolladas entre 2008 y 2018, cuyas técnicas principales han sido la observación participante, entrevistas en profundidad y grupos focales. La referencia empírica está conformada por programas de prevención social del delito y programas de inclusión social juvenil implementados en barrios populares del AMBA.

x
Educación y Territorio: una experiencia de implementación del Plan Fines en la Provincia de Buenos Aires.
Laura Beatríz Casals

A partir de un estudio de caso en el partido de General San Martín, provincia de Buenos Aires, nos proponemos comprender el modo en que las trayectorias educativas de jóvenes y adultos estudiantes del Plan Fines en territorios socialmente críticos se vinculan con el entramado de organizaciones sociales y comunitarias. Esto a partir del análisis del contexto territorial y la dinámica local de implementación del Plan; la reconstrucción de la trama de organizaciones sociales y comunitarias en que la sede del Plan está inserta y el abordaje de trayectorias educativas de estudiantes y referentes comunitarios.

x
Territorio, política social e implementación. Una mirada desde los espacios locales de gestión del “Argentina Trabaja - Programa Ingreso Social con Trabajo” en el distrito de La Matanza.
Cynthia Gisselle Ferrari Mango

El objetivo general que perseguimos a través de este artículo es caracterizar la territorialidad que adquiere el Argentina Trabaja - Programa Ingreso Social con Trabajo en los espacios locales de gestión denominados Obradores en el distrito de La Matanza (2009-2016), ubicado en la provincia de Buenos Aires. Dicho programa tiene un alto componente territorial, por lo cual una mirada a nivel local permite captar diferencias de la implementación del programa y recuperar la noción de centralidad del territorio como espacio de implementación de programas sociales.

Para abordar el objetivo planteado trabajamos en los Obradores entendidos como los espacios locales de gestión y lugares estratégicos de transformación de los programas. Se trató de una investigación cualitativa en la cual el corpus de análisis quedó conformado por la Resolución 3182/09 que le dio origen, el documento “Distribuidor Nacional Programa de Ingreso Social con Trabajo” elaborado por el MDSN, las transcripciones de las notas de campo y las transcripciones de las entrevistas semiestructuradas.

x
Acoples y desacoples del ´Argentina Trabaja´ con las políticas de economía social y solidaria en Argentina. Contribuciones a partir de las implementaciones locales en el Conurbano Bonaerense (2009-2018).
Ruth Muñoz

En base a un trabajo de identificación y análisis comparativo de las políticas de economía social y solidaria llevadas a cabo en los 24 partidos del Conurbano Bonaerense entre 2012-2018, el artículo plantea que el Programa Argentina Trabaja, a pesar de lo que sostiene su formulación inicial, fue identificado como una política relacionada con la ESS en solo 4 de los 22 partidos donde se implementó, siendo generalmente ubicado dentro de políticas de transferencias condicionadas por los funcionarios locales, sentido que fuera exacerbado en el actual contexto de restauración conservadora. Elaborado a partir del esfuerzo de reconstrucción de la escasa información disponible para esta escala, se presentan estadísticas del Programa desagregadas por partido, a lo que se suman testimonios de funcionarios nacionales y municipales. Se espera que el análisis constituya un aporte a la discusión sobre las políticas públicas, el territorio y sus relaciones.

x
Erradicación de pobladores y recomposición identitaria: El caso de la villa Estrecho de Magallanes (Santiago de Chile).
Cristóbal Sebastián Palma Rojas

El presente artículo discute acerca de la generación de identidades colectivas surgidas en un marco de segregación espacial y homogenización intracomunal provocada a partir de las políticas de reforma urbana impulsadas por la dictadura militar chilena. La investigación realizada en la villa Estrecho de Magallanes, de la comuna de La Pintana, en Santiago, se llevó a cabo mediante técnicas de investigación cualitativas como la observación participante y la entrevista en profundidad. Se concluye que, a pesar de las políticas de erradicación y radicación de la dictadura militar y su manifiesto interés por desarticular las instancias de organización e identificación colectiva, los pobladores tienden a re-crear identidades asociadas a la simbolización del espacio habitado y las acciones conjuntas que despliegan en respuesta a la marginación social.

x
Programas de transferencias monetarias condicionadas en la Argentina y el financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (2003 - 2009).
Vanesa P. Ciolli

El artículo analiza el principal programa de transferencias monetarias condicionadas de Argentina entre 2003 y 2009 –el Plan Familias por la Inclusión Social–, implementado mediante un ciclo de financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo. Su propósito es comprender por qué las políticas sociales asumieron dicha modalidad en la etapa posterior a la crisis de 2001 y por qué fueron vehiculizadas mediante el financiamiento de instituciones financieras internacionales. Para alcanzar dicho objetivo, se desarrolla un análisis interpretativo basado en análisis documental. De ello se concluye que la participación de la mencionada institución propició, por un lado, la reingeniería del aparato estatal en el sector de las políticas sociales, orientada al conocimiento riguroso de la población para su focalización, y, por el otro, el cambio en el tipo de interpelación estatal hacia la población receptora, en virtud de su regulación.

x
Diferenciación social y segregación educativa en el área metropolitana de Asunción.
Luis Ortiz, Kevin Goetz y Colin Gache

El artículo ofrece una propuesta analítica que considera el espacio urbano, con sus formas y estructuras, no como una simple plataforma de importancia secundaria, sino como un hecho social total. Desde la perspectiva de observación socioespacial que constituye la ciudad, se busca comprender las intensidades y los sentidos de dos fuerzas mayores que intervienen simultáneamente en el sistema educativo. La primera tiene que ver con las dinámicas sociales en curso y con la consiguiente configuración espacial que adquiere la ciudad (aumento de la clase media, trayectorias residenciales, valores asignados a las diferentes zonas y barrios de la ciudad, modificación de los modos de desplazamiento, entre otros), mientras que la segunda tiene que ver con las características y tendencias que discurren en el dispositivo educativo. Las evoluciones del conjunto dinámico que constituye el dispositivo educativo obedecen necesariamente a mecanismos colectivos e institucionales. El análisis apunta a dar cuenta de las relaciones entre los grupos sociales del territorio para moldear el sistema educativo en función de sus intereses diferentes y divergentes.

x
Entre la integración subordinada y la relegación social-urbana. El caso del “Certificado de Vivienda Familiar” en la ciudad de Rosario.
Florencia Brizuela y Melisa Campana

Inspirado en el enfoque de la gubernamentalidad, el artículo analiza las racionalidades políticas que atraviesan el Certificado de Vivienda Familiar argentino. Con el objetivo de reconstruir las novedades que el Certificado supone en términos de política sociohabitacional y de estrategia de gobierno en villas y asentamientos informales de Rosario, el trabajo recorre la orientación de los programas implementados durante las últimas décadas en la ciudad, analiza los campos discursivos en que se asienta el Certificado (la lucha contra la pobreza, el combate al narcotráfico y la unión de los argentinos) y sistematiza los hallazgos parciales de la investigación. Estos señalan nuevas estrategias de gobierno que promueven la autogestión de los vecinos en la resolución de sus problemas, bajo una modalidad individual, y cuyos efectos suponen la confinación a territorios de relegación social-urbana.

x
Rompiendo las barreras de la relegación: reflexiones sobre un programa de seguridad alimentaria aplicado desde INSSJP-PAMI​ en cogestión con un centro de jubilados y pensionados.
Juan Francisco Di Meglio

El presente escrito tiene la intención de componer un conjunto de reflexiones sobre la importancia que adquieren las organizaciones sociales de personas mayores, concretamente los Centros de Jubilados y Pensionados, en la implementación de políticas sociales, la aplicación efectiva de los derechos sociales en el territorio y la recreación de los lazos sociales. Para dicho objetivo se parte de la experiencia del inicio, en el año 2015, de la prestación “bolsón de alimentos”, perteneciente al Programa ProBienestar del INSSJP-PAMI, en el Centro de Jubilados y Pensionados “Mi segunda casa”, ubicado en Ciudad Oculta (Villa Lugano, CABA).