Número 3 - Segundo semestre 2018

Dosier - DESIGUALDADES Y POLÍTICAS SOCIALES EN LA ARGENTINA - PARTE II

Políticas sociales y simbolismo del trabajo en Argentina - Desigualdad, apropiaciones y sentidos vividos en el espacio social de Córdoba

  • Gonzalo Assusa

    Instituto de Humanidades - CONICET - Universidad Nacional de Córdoba (UNC)
    gon_assusa@hotmail.com

    Licenciado en Sociología por la UNVM. Doctor en Ciencias Antropológicas por la UNC. Becario posdoctoral de CONICET. Investiga sobre temáticas vinculadas a la desigualdad en relación al trabajo y al consumo en familias cordobesas, y sobre cultura del trabajo, cultura popular y jóvenes de clases populares en Argentina contemporánea.

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Resumen

El artículo aborda la relación entre políticas sociales y desigualdad en la Argentina contemporánea. Para ello, plantea su análisis en dos dimensiones paralelas e interconectadas. La primera refiere al lugar de las políticas sociales como instrumento de reproducción social y al modo en que se inserta en una serie de estrategias de reproducción social de las familias para sostener o mejorar su propia posición en el espacio de las clases sociales. La segunda refiere a cómo las políticas sociales (denominadas coloquialmente “planes sociales") pasan a formar parte de un acervo común de categorías simbólicas que se ponen en juego en la construcción de fronteras simbólicas que distinguen legitimidades, dignidades y prestigios diferenciales entre personas. Con este objetivo, el artículo propone una articulación de métodos, combinando procesamiento estadístico multifactorial de bases de datos como la ENES-PISAC, con un extenso trabajo de campo cualitativo que va desde entrevistas en profundidad hasta registros etnográficos.

Introducción

El presente artículo analiza la relación entre políticas sociales y simbolismo del trabajo en el contexto de desigualdad de clase de Córdoba, Argentina. Partimos de considerar las políticas sociales –y muy particularmente las políticas de transferencias de ingresos– como un factor central en la disminución de la brecha de desigualdad que tuvo lugar en América Latina en la primera década del siglo XXI, tal como lo indican las investigaciones de López-Calva y Lustig (2011) y Kessler (2015). Las políticas sociales se han constituido en un componente vital de los recursos económicos con los que cuentan las clases populares y con los que resuelven estructuralmente su reproducción material.

Esto no impide que la apropiación del debate sobre los denominados "planes sociales" en el discurso público haya servido para procesar y organizar la desigual distribución de los recursos de prestigio y honor social entre posiciones que no retraducen de manera mecánica el movimiento estructural de acercamiento o alejamiento de las distancias "objetivas". La noción de "planes" como categoría nativa despectiva asociada al "asistencialismo" forma parte del repertorio común de impugnación moral en nuestra sociedad contemporánea, pero se vuelve un arsenal conflictivo particularmente en la frontera entre posiciones de clase que están más expuestas a las etiquetas estigmatizantes del no-trabajo: las clases populares.

Este trabajo se inserta en un proyecto más amplio que, comenzando en el año 2012, analiza distintas dinámicas de los procesos de reproducción social en una diversidad de escenas de la vida social (estrategias laborales, de consumo y económicas en general, estrategias habitacionales, estrategias educativas, etc.). En dicho marco y para este texto, presentamos distintos materiales que nos permiten dar cuenta de la dinámica de las relaciones entre políticas sociales, desigualdad social y distinción simbólica bajo el prisma de la doble existencia de lo social, en las cosas y en los cuerpos.

En primer lugar, echamos mano a datos estadísticos construidos con un procesamiento de la base del ENES-PISAC1 a partir de técnicas de estadística multidimensional. De esta manera construimos un primer acceso a la distribución estructural de los recursos, a las posiciones relacionalmente conformadas en el espacio social y, por lo tanto, a las condiciones sociales y al volumen y estructura de capitales desde los cuales las familias despliegan sus múltiples estrategias y acceden de manera diferencial a las políticas sociales disponibles en el país.

En segundo lugar, hacemos uso de un conjunto amplio de cerca de 70 entrevistas en profundidad.2 La selección de los entrevistados tuvo como principal insumo el procesamiento estadístico antes mencionado y la construcción de perfiles medios para las familias de cada clase y fracción de clase del espacio social. Así, las personas entrevistadas (entre las cuales más de 40 oficiaban de principal sostén de sus hogares) pueden ser consideradas representativas en relación a la caracterización de cada posición de la estructura social construida a partir de las herramientas de la estadística multidimensional y que describiré en la primera parte del artículo. Para complementar este material, también se hará uso de un conjunto de registros etnográficos realizados en diversas escenas sociales de un barrio popular de Córdoba Capital entre 2012 y 2015 en el marco de una tesis doctoral sobre cultura del trabajo entre jóvenes de clases populares. A partir de estos relatos y materiales, no solamente accedemos a una amplia diversidad fenoménica de prácticas a partir de las cuales los agentes producen y reproducen sus posiciones sociales, sino también a los sentidos vividos asociados a esas prácticas: el modo en el que los agentes justifican y legitiman sus trayectorias, sus recursos y los de los demás.

El artículo se divide en tres partes. En la primera, abordo la dimensión estructural de la desigual distribución del acceso a políticas de transferencia de ingresos en el espacio social, recuperando algunas hipótesis de la bibliografía sobre la relación entre políticas sociales y disminución de la desigualdad en Argentina y América Latina. En una segunda sección analizo los sentidos movilizados en torno a la recepción de distintos tipos de asistencias o ayudas sociales, de origen estatal o privada, y de tipo monetario o no-monetario. Finalizo el artículo planteando algunas reflexiones en torno a las tensiones, materiales y simbólicas, estructurales y subjetivas, en la relación entre políticas sociales y desigualdad.

Políticas sociales y desigualdad desde
una perspectiva estructural

La desigualdad y las políticas sociales en América Latina

Si bien las principales estructuras de desigualdad en el continente siguen atadas a la dinámica de lo que Pérez Sáinz (2016) llama los mercados básicos, muchos investigadores de la región coinciden en señalar que las políticas de transferencia de ingresos constituyen uno de los factores principales de disminución de las brechas de desigualdad en América Latina (Kessler, 2016) y Argentina (Benza, 2016) en la primera década del siglo XXI (López-Calva y Lustig, 2011; Kessler, 2014, 2015; Fachelli, 2013).

Este proceso corre en paralelo a un cambio más amplio en el paradigma estatal durante la primera década del siglo XXI, en los denominados gobiernos progresistas o de izquierda latinoamericanos y en lo que implicó un cierto acercamiento a modelos heterodoxos en la relación Estado-Mercado. Pero fundamentalmente, a una serie de tendencias y transformaciones específicas relativas a las políticas sociales en la región: en primer lugar, ciertas dinámicas universalizantes que rompen con los mandatos de focalización de los diseños afines al Consenso de Washington (Andrenacci, 2012); en segundo lugar, una concentración de la percepción de la transferencia de ingresos en sectores más estrictamente “precarios”, dado que la transformación simultánea en la dinámica del mercado de trabajo produjo que progresivamente las políticas sociales tuviesen cada vez menos peso en las estrategias de reproducción de los sectores mejor posicionados de las clases populares (las “clases trabajadoras”) (Freyre y Merino, 2016); por último, la profunda monetización y bancarización de las políticas sociales produjo un proceso general de institucionalización que rompió con redes de actores-mediadores y circuitos de distribución fuertemente aceitados durante la década de 1980 y 1990 (Wilkis, 2014; Freyre y Merino, 2016).

Es menester señalar, sin embargo, que el reconocimiento de estas tendencias no implica adscribir a una versión lineal de los hechos en la que, al modo de las revoluciones popperianas, un paradigma de políticas sociales sustituye al otro en forma mecánica. Como señalan Andrenacci et al. (2006), las pervivencias de orientaciones teóricas (como el paradigma del capital humano) y universos morales (como la meritocracia y la cultura del trabajo) conviven de manera asistemática con nuevas lógicas como el discurso de la construcción de derechos y una retórica del igualitarismo y la universalidad (Cortés y Kessler, 2013).

Claro que, como sostienen López-Calva y Lustig (2011), este factor juega estructuralmente junto con otros que contribuyen a la multidimensionalidad del fenómeno: la mejor distribución de los atributos (como la escolaridad) y la caída en el rendimiento de las credenciales educativas producto de la mayor demanda de mano de obra menos calificada en el período (Benza, 2016). Aun cuando los autores señalan críticamente que una gran proporción del gasto público es aún neutral o regresivo, el crecimiento del componente progresivo del gasto público ha sido notorio en el período, al menos en algunos países entre los que podemos ubicar a Argentina. En relación a esta crítica, los autores coinciden con Fachelli que señala la dificultad para incorporar en el análisis las políticas públicas no focalizadas o no destinadas a la pobreza, como las políticas de vivienda o las políticas educativas de estos gobiernos (Fachelli, 2013).

Independientemente de evaluar el "impacto" efectivo de este tipo de políticas, la evaluación del modo en el que se distribuyen en la estructura de clases sociales de Argentina permite visualizar no solo su influjo en las distancias entre clases sociales, sino también su influencia en la composición de la estructura de recursos de estas familias.

La distribución de las políticas sociales en Argentina

En una serie de trabajos previos hemos caracterizado la configuración y las transformaciones de la estructura social cordobesa y argentina en el período de la posconvertibilidad (Gutiérrez y Mansilla, 2015; Assusa, 2017b; Assusa, Freyre y Merino, en prensa). Con distintas formulaciones, hemos identificado de qué manera la inserción en el mercado laboral, los ingresos monetarios, el capital escolar y algunos otros componentes de poder estructuran un espacio de familias ubicadas en cuatro grandes posiciones de clase: elite (12% de los hogares), cuadros técnico-intelectuales (30% de los hogares), clase trabajadora (30% de los hogares) y precariado (28% de los hogares).

Apenas desarrollaremos aquí algunas precisiones metodológicas, dado que los pormenores de la construcción del espacio social no es el centro convocante de este texto ni de esta argumentación. El análisis multidimensional implica una puerta de acceso a pensar las políticas sociales en una doble dimensión. En primer lugar, esta metodología habilita pensar las políticas sociales como emergentes relativos a una composición estructural de los capitales de las familias como agentes colectivos. Su distribución está asociada a una serie de recursos, pero también de carencias y desposesiones.

En segundo lugar, esta modalidad analítica permite construir las políticas sociales no simplemente como epifenómeno de una dinámica externa (como el mercado de trabajo) y, por lo tanto, como mero epifenómeno de una causalidad última, sino como apuesta sistemática de las familias y como recurso estructurante de sus condiciones de vida, su posición en el espacio social y las prácticas a través de las cuales la reproducen.3 En este sentido pensamos las políticas sociales como parte constitutiva –y central en el caso de las clases populares– de las estrategias de reproducción social de las familias, es decir, como parte del sistema de prácticas fenomenalmente diverso a partir del cual las familias producen y reproducen su posición en el espacio social (Gutiérrez, 2005).

Los datos que presentamos a continuación sobre la desigual distribución de las políticas sociales en el espacio social y su impacto en la composición del ingreso monetario de las familias resulta del procesamiento de la base de microdatos de la ENES-PISAC correspondiente a los años 2014-2015, a partir de una articulación de técnicas multifactoriales y de clasificación.4 Siguiendo una larga tradición en los estudios de estratificación (Atkinson y Bradley, 2013) y basados en el modo en que la teoría de la práctica concibe a la familia –a la vez– como campo y como cuerpo (colectivo) (Bourdieu, 1997), consideramos al hogar en tanto sistema de relaciones familiares y, por lo tanto, como unidad de análisis fundamental para enclasar a las personas y explicar y comprender sus estrategias de reproducción social. Por ello hemos construido el espacio social asignándole propiedades individuales del Principal Sostén del Hogar (PSH)5 al conjunto del hogar como agente colectivo, tomando en cuenta los recaudos reflexivos que conlleva este artificio metodológico. Luego, al presentar el análisis de las entrevistas, volveremos sobre la construcción de la familia como campo de posiciones desiguales.

Definimos un sistema de relaciones a partir de un conjunto de variables activas relativas a los ingresos monetarios, al tipo de inserción laboral (sus características, ramas y las posiciones de poder ocupadas) y al capital escolar del PSH.6 La información provista por el resto de las variables adquiere el carácter de variables ilustrativas y se proyectan como tales.7

Tomando los tres primeros factores8 –que suman una inercia propia de 23,31% de la inercia total– aplicamos una Clasificación Jerárquica Ascendente cuyo dendrograma resultante dio un corte óptimo en las cuatro grandes clases de familias que enumeramos anteriormente.

Por razones de economía textual no entraremos aquí en el detalle sobre la caracterización del espacio social construido.9 En cambio, sí plantearemos algunas tendencias asociadas específicamente a la temática en cuestión: En primer lugar, las dos últimas clases (precariado y clase trabajadora) son las que aparecen definidas por los ingresos per cápita más bajos de todo el espacio social: ambas con ingresos inferiores al valor de un Salario Mínimo Vital y Móvil para 2014-2015.

En segundo lugar y en consonancia con el punto anterior, estas clases se definen también por asociaciones estadísticas a la percepción de "ayudas sociales". En el caso del precariado, las asociaciones van desde ayudas alimentarias, pasando por becas e inclusión en programas.

Como puede observarse en la Tabla 1, estas asociaciones tienen, igualmente, un impacto diferencial en ambas clases pertenecientes al mundo popular. Mientras que tanto precariado como clase trabajadora perciben ingresos por la Asignación Universal por Hijo (AUH)10 en porcentajes superiores al 20% de los hogares, el precariado se ve más afectado por la percepción de pensiones específicas11 y fundamentalmente el impacto de este tipo de ingresos en relación a los ingresos laborales es mayor.

Tabla 1

Proporción de ingresos laborales / ingresos no laborales y percepción de ingresos
no laborales según clase social. Argentina. 2014-2015

Proporción promedio de ingresos no laborales

Ingresos del hogar

Algún otro tipo de pensión específica

Asignación Universal por Hijo

Clases sociales

Precariado

32,0%

18,0%

28,0%

Clase obrera

18,7%

10,4%

23,9%

Cuadros técnicos/intelectuales

18,6%

6,8%

11,4%

Elite

20,9%

4,2%

5,9%

Fuente: Elaboración propia a partir de Base ENES-PISAC. 2014-2015.

Por ello, podemos sostener en primer lugar, y en consonancia con la bibliografía revisada (Freyre y Merino, 2016), que existe una distribución fuertemente desigual de las políticas de transferencia directa de ingresos –con la AUH como la más relevante en volumen poblacional y visibilidad pública– en las distintas posiciones de clase del espacio social entre el campo de poder y el mundo popular.

Para completar el cuadro de situación y dar una imagen más aproximada acerca de cómo estas posiciones de clase reflejan condiciones y situaciones materiales y simbólicas desiguales, puede observarse el modo en el que las familias enclasadas en el precariado están mucho más expuestas a habitar en villas, barrios precarios o viviendas sociales (27% contra 9% en la elite), a habitar viviendas sin conexión a gas natural (43% contra 12% en la elite) o a la recepción de alimentos como estrategia de supervivencia (14% contra 4% en la elite). También resulta relevante señalar que los integrantes de familias del precariado declaran estar expuestos a formas de discriminación, humillación y abusos en porcentajes que duplican el de los integrantes de familias de la elite que han sufrido este tipo de vulneraciones. Por último, en el mismo sentido, los miembros de las familias del precariado declaran una alta autopercepción de su estado de salud como regular, malo o muy malo (29% contra 12% en la elite), y perciben que sus ingresos monetarios son insuficientes (57% contra 12% en la elite) (véase tabla 2). Aunque a modo de ilustración, estos datos permiten observar el modo en el que tanto condiciones materiales, recursos de poder, construcciones de dignidad o respeto, acceso a derechos, como dimensiones relativas a la percepción de los encuestados se distribuyen bajo la lógica de la desigualdad en el espacio social.

Tabla 2

Condiciones de vida, situaciones de vulneración de derechos y autopercepción
según clase social. Argentina. 2014-2015

Clase
social

Barrios precarios, vivienda social o monobloques

Sin conexión de gas natural a la vivienda

Hecho de discriminación por la edad, el sexo, color de piel, nivel social, orientación sexual, u otros motivos en el último año

Ser avergonzado, menospreciado o humillado en el último año

Abuso de autoridad o apremios ilegales por parte de fuerzas oliciales o de seguridad en el último año

Recibió alimentos el último año

Autopercepción del propio estado de salud entre regular y muy malo

Percepción de que los ingresos del hogar no les alcanzan

Precariado

27,2%

43,1%

7,9%

8,3%

4,5%

13,8%

29,2%

56,8%

Clase obrera

19,4%

34,3%

5,7%

6,5%

4,9%

10,1%

21,5%

42,2%

Cuadros técnicos/intelectuales

13,4%

18,9%

5,2%

5,0%

2,5%

5,7%

14,8%

23,2%

Elite

9,4%

11,6%

4,6%

4,1%

2,5%

4,1%

12,4%

11,6%

19,1%

30,2%

6,1%

6,4%

3,8%

9,3%

21,0%

38,0%

Fuente: Elaboración propia a partir de Base ENES-PISAC. 2014-2015.

Parte de la bibliografía ha encontrado dinámicas divergentes entre el devenir de la desigualdad en todo el espacio social y la desigualdad entre los sectores marginales y calificados de las clases populares (Benza, 2016). En este sentido, me propongo a continuación explorar la hipótesis de que la desigual composición de la estructura de capitales de las familias posicionadas en el precariado y en la clase trabajadora habilita procesos y estrategias de distinción simbólicas centradas en el acervo moral de la "cultura del trabajo".

Una aproximación a los sentidos
sobre la política social en Argentina

En todo el espacio social, pero muy particularmente en la frontera entre posiciones de clase del mundo popular, las políticas sociales –más precisamente la referencia a los “planes”– son movilizadas de múltiples maneras como recursos simbólicos en los repertorios discursivos para construir distancia y distinción social, organizando la percepción del mundo a partir de la dicotomía trabajo-no trabajo.

Es menester aclarar que el estigma del no-trabajo lejos se encuentra de estar exclusivamente reservado para los “desocupados” ni para los trabajadores precarios. Esta clasificación, en cambio, resulta sumamente eficaz aplicada a trabajadores registrados del sector público, por ejemplo, con altos salarios, calificación y altas tasas de sindicalización. La movilización de clasificaciones asociadas al no-trabajo, en estos casos, resulta efectiva con el objetivo de socavar la legitimidad y el prestigio de estos grupos, significados como improductivos y carentes de vocación pública y ética laboral.

La tematización de las “políticas sociales” con esta significación tiene, al menos, una historicidad de un par de décadas en el país.12 Uno de sus hitos fundantes puede ser ubicado en el año 2003. En un período de transición del país desde la denominada crisis del 2001, con cifras de desocupación y pobreza entre las más altas que tuvo Argentina en su historia, surgió una suerte de debate público ante las declaraciones del obispo de San Isidro y titular de Cáritas Argentina, Jorge Casaretto, quien manifestó su preocupación en torno a que los planes sociales –sin el debido “control” y exigencia de contraprestaciones laborales– pudiesen “fomentar la vagancia”.

A los fines de este artículo resulta menos interesante analizar el modo en el que el debate resultó un parteaguas entre el progresismo político y el conservadurismo moral en el país que visualizar hasta qué punto posiciones ideológicas que parecían inconmensurables compartían el supuesto fundamental de que la afectación de las actitudes y la ética laboral resultaba en uno de los más nocivos procesos posibles para la sociedad. Unos y otros se esforzaron en construir argumentaciones a favor y en contra de la causalidad entre estos elementos (planes sociales y disposición al trabajo o cultura del trabajo), pero ninguno puso en cuestión la categoría misma de "vagancia" como una clasificación relevante en términos políticos y sociales para el contexto local.

Procesos, políticas públicas, disputas mediáticas y campañas electorales no hicieron más que reinstalar la cuestión en la arena pública hasta nuestros días, combinada con otros productos del pánico moral: la inseguridad, la corrupción y el desarrollo del país.

“Tener tiempo” y “vivir del Estado”

En este apartado mostraré de qué manera se producen legitimaciones diferenciales de las posiciones del espacio social como retraducción y reconfiguración de las distribuciones materiales o estructurales. Exploraré, entonces, cómo la cuestión del esfuerzo, el uso del tiempo, los grados de la necesidad y el vínculo con el Estado forman parte de los repertorios simbólicos para construir estas distinciones en las entrevistas realizadas.

Las fronteras simbólicas entre posiciones en el espacio social implican la inversión de un gran esfuerzo y energía social por parte de los agentes. Esto cuenta tanto para las grandes distancias sociales como para las posiciones de "cercanía". Como señala Bourdieu, la proximidad percibida como injustificada es experimentada como "promiscuidad" y, por lo tanto, vuelta objeto de un sinnúmero de impugnaciones y juicios morales. Para la construcción de estas fronteras y en el marco del proceso histórico que mencioné previamente, los planes sociales se constituyen en un foco discursivo fundamental –y en un tópico recurrente, tanto en entrevistas como en conversaciones cotidianas en nuestro trabajo de campo– en el repertorio de transmutación de las distancias sociales en distinciones simbólicas, entre personas con valores y valoraciones morales diferenciales.

Como hemos desarrollado más en detalle en otros trabajos (Assusa, en prensa), existen una serie de investigaciones, a nivel internacional y nacional, que abordan la cuestión de las políticas sociales –más precisamente los programas de transferencia de ingresos–, las percepciones de la población sobre su necesidad, la justicia de los criterios de asignación y sus consecuencias culturales entre los beneficiarios (Crutchfield y Petinicchio, 2009; Grimson, 2015). Desde las ya clásicas discusiones sobre el “clientelismo”, el “asistencialismo” y la “cultura de la dependencia” (Fraser y Cordon, 1997; Auyero, 2001; Vommaro y Combes, 2016), las políticas sociales (“planes” en el lenguaje nativo) se han vuelto progresivamente un tópico “maldito” en el escenario político nacional: un repertorio común de descalificación simbólica de las clases populares, su moral y sus ingresos (Murard y Laé, 2013).

Si bien este tópico aparece prácticamente en todo el espacio social, su recurrencia y virulencia se manifiestan muy particularmente entre los referentes entrevistados de la clase trabajadora. El mejoramiento de las condiciones de vida de esta clase en la última década se concentra fundamentalmente en las ramas industriales, de logística y transporte, que fueron de las más beneficiadas por la reactivación de los procesos de negociación colectiva, el robustecimiento de las relaciones laborales y la reemergencia del poder de sus gremios. A través de inserciones laborales relativamente estables y en el marco de puestos protegidos por Convenios Colectivos de Trabajo, estos sectores acceden a mayores derechos y recursos por vía de su participación en relaciones laborales. Esta transformación en sus condiciones de vida en relación, tanto a la crisis de 2001 como a la década de 1990, es relatada y justificada por sus miembros como fruto indiscutible de su propio esfuerzo y resultado meritorio de su ética de trabajo y su entrega de tiempo vital (“a mí nadie me regaló nada”, “a mí todo me costó”). El discurso de hombres “hechos a sí mismos” que “no le deben nada a nadie” cobra potencia en familias sobre las que pesa, por trayectoria y estética de clase, el estigma social, la expropiación simbólica (Beaud y Pialoux, 2015) y la acusación elitista de la inmoralidad de “vivir del Estado” y de las ayudas ajenas. Y como mostramos en el apartado estadístico, esta clase aún se encuentra asociada estructuralmente –aunque en menor medida que el precariado– a la percepción de “ayudas” sociales, subsidios, transferencias monetarias, en mercadería, etc.

En algún sentido, sabemos que las personas pertenecientes a las clases populares son culpables de hedonismo hasta tanto se demuestre lo contrario. La escala de moralidad que va desde las valoraciones de personas como “respetables” hasta “indignas” es, en palabras de Bourdieu, homóloga a las relaciones de poder en la estructura social. Sin embargo, está menos documentado hasta qué punto las estrategias de distinción (muy particularmente aquellas que toman los “planes sociales” como categoría de impugnación) resultan fundamentales para establecer fronteras sociales en el interior de las clases populares, entre fracciones de clases.13 En la misma línea, entendemos que no están sólidamente documentados los códigos normativos que autorizan a los miembros de los grupos delimitados por estas fronteras a liberarse de la regla ascética con miras a disfrutar de este o aquel placer, “gusto” o momento de ocio. Contraestrategia obliga, los observadores y los estudiosos insistieron a veces en el ascetismo y en la preocupación de respetabilidad (Murard y Laé, 2013: 90) como una forma de garantizar la “salvación” de las personas de clases populares, cometiendo el mismo pecado que el progresismo en el affaire Casaretto: concentrarse en afirmar o negar la “vagancia”, sin poner en entredicho los términos de la discusión, fijados hegemónicamente en otros niveles, en otra dimensión.

Como señalan investigaciones de otras latitudes (Dubet, 2015), los discursos de crítica contra los planes sociales no asumen, en general, idearios liberales puros ni ideologías políticas conservadoras. Muchos de quienes sostienen estos relatos críticos en la clase trabajadora y en el precariado perciben ellos mismos diversas formas de asistencia del Estado. El cuestionamiento se orienta a la veracidad de la “necesidad” de sus pares beneficiarios, la “honestidad” y la dignidad moral de estas familias, la “legitimidad” del uso de los recursos percibidos –si es utilizado para consumos superfluos de adultos o para necesidades básicas de los niños de las familias, por ejemplo– (Grimson y Baeza, 2011), y sus consecuencias a futuro: el sostenimiento en el tiempo de las ayudas o asistencias siempre implica en sus relatos el riesgo de crear un “vicio”. En su relato, una de las entrevistadas, ocupada como docente en una escuela pública en el mismo barrio en que vivía, le narraba a su madre mientras las entrevistaba:

―Acá si no pediste, fuiste. Los otros días fue Nora la tía del Germán y me dice: “Ah, sí porque yo tengo un plan”. / ¿Pero si es la mujer de un camionero? / Yo la miré así. / Ahora no tiene laburo, pero un camionero no es una persona a la que le paguen poco cada vez que sale con el camión, encima tiene un seguro, tiene montones de cosas. Y yo sé que ganan bien los camioneros, cuando salen con una carga de provincia a provincia, tienen un buen sueldo. ¿Cuántos años tuvo ella…? El año pasado recién tuvo problemas… / Pero tiene como 15 años trabajando, 16… / Sí, por lo menos. Y la gente tiene un plan. / O sea que nosotros somos los únicos giles. / Ves que todos aprovechan la oportunidad cada vez que tienen. / A lo mejor la decisión gubernamental está buena, porque dice: “Voy a ayudar a quienes tienen necesidades”. Ahora que todos se hagan cargo de ser los necesitados, no teniendo conciencia de cuánto están cobrando, es deshonestidad generalizada [...] Si hubiese un buen control por parte del gobierno para saber quiénes son los que realmente necesitan plata acá en el barrio, no haría falta la cantidad de subsidios que dan. Yo sé que hay gente que no le hace falta. [Gladys y Mariana. Vecinas del barrio. Docentes. 2014]

Como sostiene Dubet, esta economía moral meritocrática de la pobreza se despliega en toda la sociedad, por lo que los sectores populares no se muestran indulgentes para juzgar a los situados “por debajo” ni a sus pares: de este modo las víctimas “pasan a ser chivos expiatorios” (Dubet, 2015).

En las entrevistas de mi investigación encuentro que la construcción de esta ajenidad en los discursos de integrantes de familias de la clase trabajadora –y que tienen como objeto privilegiado a las familias en condiciones más precarias dentro del mundo popular–, se complementa con una exacerbación de los propios méritos y recursos acumulados. La negación sistemática de la percepción de “asistencia social” presenta cierta homología con el patrón de mérito esgrimido en términos de sacrificio de tiempo vital: como están “todo el día trabajando” declaran no disponer de tiempo alguno para los trámites y las gestiones necesarias para el acceso a los planes sociales (“para eso hay que tener tiempo”). En épocas con un sistema educativo menos masificado que el actual en Argentina, argumentos equivalentes se esgrimían para descalificar simbólicamente las apuestas educativas en relación a las inserciones tempranas y duraderas en el mercado de trabajo: “para eso [estudiar] hay que tener tiempo”.

En aquellas entrevistas en las que quedaba en evidencia que la familia (de clase trabajadora o precariado) percibía alguna forma de asistencia o programa, dicha percepción se asignaba a una persona excluida de la red familiar más íntima y cercana (una exmujer o un familiar con el que se había perdido contacto). Los entrevistados varones de esta clase suelen hablar de la “asignación” (AUH) como algo ajeno, vinculado con sus “exmujeres” a cargo de los hijos del “primer matrimonio”, o bien, a sus actuales cónyuges, aunque desprendiéndose ellos mismos de las decisiones y la administración de gastos (“ella lo maneja, no sabría decirte para qué la usa”).

Estos relatos toman distancia también de la percepción de “subsidios” (término negativamente vinculado al mundo de la asistencia, aun cuando esté distribuido, a partir de servicios públicos, educación y salud, a lo largo y a lo ancho de todo el espacio social). La interpretación de los propios trayectos familiares en estos relatos tiende a “economizar” la caracterización del acceso a todo tipo de ofertas estatales: “esto lo construí sin ningún tipo de ayuda” o “sí, recibí, pero era un crédito [no un subsidio] y lo tuve que pagar entero”.

En el fondo, los repertorios de impugnación moral de la clase trabajadora a las familias “por debajo” en el mundo popular (precariado) reeditan “en negativo” los preceptos morales de la meritocracia contemporánea: el recurrente tópico de los “planes sociales” sirve para señalar permanentemente las faltas morales de aquellos “vagos” que “duermen hasta el mediodía” y no saben o no quieren trabajar. Es decir, aquellos que tienen (estipendios o ingresos monetarios provenientes del Estado) pero no merecen (recibirlo).

Los “planes sociales” y la división del mundo social

Como pudimos observar en el apartado anterior, la referencia a los planes en los relatos de los entrevistados propone un ordenamiento del mundo popular, con sus respectivas clasificaciones y escalas de valor moral. En el marco de un trabajo de campo etnográfico que forma parte de esta investigación, este proceso fue particularmente visible en la construcción de diferencias simbólicas en un barrio popular de Córdoba Capital.

El espacio barrial, tanto en su disposición como en su materialidad, distribuye simbólicamente a los vecinos en base a su cercanía / lejanía respecto de la categoría moral de “laburantes”. En las conversaciones con los vecinos del barrio, la cuestión de los “planes sociales” apareció de manera recurrente como elemento causal para la explicación de los comportamientos en los relatos de degradación moral (Kessler, 2009). Así lo analizaban Gladys y Mariana, madre e hija, en una entrevista que les realicé en su casa.

―O sea, lo que provoca injusticia, en todo caso, que… de eso sí va a hablar el vecino. De que la mayoría de los vecinos de acá, que son laburantes, que la mayoría… en todo caso con el barrio de acá al fondo ¿me entendés? No solo por haberse traído las villas aledañas, o sea, las villas que fueron desactivando, sino porque dieron [viviendas]… ¿me entendés? / -Sí, regalaron… / Y regalaron y la mayoría de la gente de acá es laburante ¿me entendés? O sea… yo quisiera acceder también a la casa y si no estás militando o si no estás conectado a… ¿me entendés? [Silencio largo] O sea, si no estás ahí… / Que de ahí te digo que nace la sumisión al político… [Gladys y Mariana. Vecinas del barrio. Docentes. 2014].

Las menciones a dos de los barrios aledaños conformados en base a políticas de relocalización de asentamientos y villas miseria del casco céntrico de la ciudad de Córdoba aparecen para ofrecer figuras ejemplares de propiedades ilegítimas (de viviendas): la posesión de estos bienes no es meritoria en la medida en que no surge –de manera manifiesta– del fruto del trabajo de sus habitantes. En relación a la sistemática descalificación que pesa sobre el ámbito de la “política”, las etnografías de Zapata (2005), Frederic (2004) y Quirós (2011), describen las imputaciones morales que pesan sobre la política como ámbito de intereses espurios. La última de estas investigaciones analiza el reconocimiento que las personas construyen en torno a su propia actividad política en tanto trabajo, no solo de distribución de recursos, sino de producción: el trabajo político como una forma particular de hacer (Quirós, 2011). En este punto, el disvalor de la política y la reivindicación del trabajo como práctica dignificante y redentoria, encuentran una lógica de legibilidad común.

En este sentido, la frontera simbolizada por la plaza central del mencionado barrio, que divide al sur y al norte no solo niveles socioeconómicos sino también caracteres morales, funciona más allá de los límites catastrales y divida las personas de la zona, entre aquellas que “se ganan lo que tienen” y aquellas que reciben “regalos” o “dádivas” (mayormente del gobierno).

Sí, el plan de la Nación que es el que te da… ¿cómo se llama? No me acuerdo los nombres exactos, pero nosotros [la escuela] tenemos un plan que te da Nación que te da plata o supuestamente te da plata para que tu alumno vaya. Entonces nosotros tenemos alumnos y le firmamos la libretita en donde empiezan el año y terminan el año [...] Es un plan que da Nación, es una cosa que te cansás de sellar y firmar. El problema es que la Nación te obliga a empezar y terminar el año, pero no hay ninguna cláusula que te obliga a ser un buen alumno. Entonces vos tenés alumnos que hacen como seiscientas veces Segundo Año, total a los padres les siguen pagando. Tampoco no es mucho lo que te tira Nación14 [Mariana. Vecina del barrio. Docente. 2014].

Los planes sociales aparecen también en los relatos de vecinos (posicionados en la clase trabajadora) y operadores estatales (posicionados entre los cuadros técnico-administrativos) como “corruptores” de ámbitos esencialmente “des-monetarizados” y fundamentalmente “desinteresados”. Estos discursos coinciden con la tipología de agentes que Noel (2009) propone en su investigación bajo el nombre de “normativos”. Discutiendo con su madre –una comerciante y activa participante de la parroquia del barrio–, Vanina narra en la entrevista el problema de sus vecinos en términos de “vicios morales”, producto del hábito formado por “recibir dádiva” de manera constante y prolongada en el tiempo:

―Por qué darle todo el mundo todo, cuando yo sé que hay que laburar para conseguir las cosas / Yo te digo que hay gente que por más que trate de laburar también, no tiene las posibilidades y que, bueno, un empujón no les hace daño, viste, que los ayude un poco. / El hecho es ese, es lo que siempre decimos. Es tanto el empujón que vos le hacés que se termina haciendo un vicio, y lo termina estirando, tirando, tirando, tirando y nunca hacen nada por sí mismos. / En alguna vuelta, a lo mejor no sea esta generación, pero los que vienen por detrás tienen otro pasar. / Bueno, pero mirá el ejemplo de anoche, venía quejándome. Acá a la vuelta hay una señora que tiene como cuatrocientos mil hijos, todos así, creo que se llevan nueve meses de diferencia entre uno y otro. Todos jugaban en la calle y nadie los miraba. Eran las once de la noche, yo sacaba el perro a dar una vuelta y nadie los miraba. Y ella vive de arriba según lo que dijo el vecino [Vanina y Jorgelina. Vecinas del barrio. Empleada municipal y comerciante. 2014].

Como planteamos al principio de este apartado, esta acusación no se dirige exclusivamente a los agentes en posiciones de “desventaja”, sino que aparece como un recurso disponible para construir diferencia simbólica y moral allí donde la distancia física y social es percibida como “insuficiente” (Bourdieu, 2010). En este fragmento de conversación, Mariana discute con Gladys, impugnando las acciones de vecinas y compañeras de trabajo por igual.

―Estamos pensando la proliferación de niños… ¿Vos creés que ahora las mujeres están pariendo para poder tener un subsidio? / Mis compañeras están pariendo para no trabajar seis meses. / Nah, dejate de joder. O sea que no es un problema de educación, es un problema de caradurez. / También. Nosotros nos reímos, llega un momento que siendo docente no podés tantos hijos porque no te alcanzan las horas del día para atenderlos a todos y encima ir a trabajar. Pero, cada dos por tres, yo tengo una compañera que hace dos años que no va a trabajar, porque nace uno, queda embarazada, pide seis meses, nace otro, queda embarazada […] / Pero a lo mejor la idea del gobierno está buena y lo peor de cada ciudadano sale porque estamos también en una sociedad que aprovecha todas las oportunidades que tiene [...] / Pero ahí está mal, porque no hay control. Y Germán se enoja cuando digo esta palabra, porque dice: “Ah, te parecés a los gobiernos militares, el control y el orden”. Pero es que a la larga, tenés que ser así. La gente confunde libertad con libertinaje y hace lo que se le canta, hace lo que se le canta. [...] Si nosotros lo tenemos en cuenta, nosotros somos indigentes. Nosotros no entramos en el orden, a pesar de que laburamos como unos infelices, nosotros entramos en el orden de los indigentes por los ingresos mensuales ¿Entendés? / Pero también eso da lugar a muchas confusiones en la gente. O sea, somos indigentes, pero en realidad no somos indigentes. / ¡No! ¡Laburamos! Dentro de lo que nosotros podríamos considerar, o es de otro estilo el proceso de indigencia que nosotros entendemos. El indigente es el que andaba en la calle, hacía fuego en la calle para calentarse las manos… / Es que nosotros entendemos que es diferente. El orgullo también que tiene uno mismo. A la larga sabemos que una vez que tocaste fondo, tenés que volver a salir y hay mucha gente que está en el fondo, sigue en el fondo, vive en el fondo y se acostumbra y ese es el problema, se acostumbran en el fondo porque están bien en el fondo. / Sí, son diferentes en la forma de pensar. [Gladys y Mariana. Vecinas del barrio. Docentes. 2014].

De acuerdo al esquema analítico de los vecinos, lo que distingue a las personas “laburantes” y “dejadas” en el barrio no es su “dinero” (las condiciones de vida de trabajadores y desempleados asistencializados se perciben como demasiado similares en estos relatos), sino un conjunto de actitudes morales y rasgos culturales. A las personas de menor valor en el barrio según esta clasificación les faltaría una sana cuota de “vergüenza”, “orgullo” y “amor propio” para salir del “pozo” en el que se encuentran y al que se han “acostumbrado” por años de recepción de todo tipo de formas de asistencia social. De esta manera, orgullo, vergüenza y también sumisión, aparecen como signos sentimentales positivos en la medida en que cumplen con las expectativas sobre las actitudes correspondientes al imaginario del “buen pobre” (opuesto a la figura descalificatoria del “pobre asistencializado”).

Este esquema clasificatorio de las familias del barrio interpreta la materialidad de las viviendas, calles, veredas y plazas como una manifestación de las características simbólicas diferenciales de sus vecinos. Gladys percibe el mantenimiento de las fachadas de las viviendas del barrio de esta forma, retraduciendo el valor y la estética en una disposición al esfuerzo de sus habitantes.

―Definitivamente. Cuando se empezaron a pavimentar prácticamente el ochenta por ciento de las calles del barrio todas las casas empezaron a cambiar, pero fue automático. Mejoraban los jardines, mejoraban los frentes, veías a la gente de otra manera. Antes cuando lamentablemente no tenían el asfalto, una desidia había, yo me acuerdo patente de eso. Siempre nos extrañó a nosotras ¿por qué? Porque en los barrios que habíamos vivido siempre teníamos asfalto, pero después de que empezaron a poner los asfaltos empezó a mejorar muchísimo el barrio, muchísimo ¿Dónde nos dábamos cuenta? En la calle del Centro Vecinal, que uno cree que está medio floja, pero antes estaba peor ¿Sabés dónde empecé a darme cuenta? Donde está el supermercado Almacor, esa cuadra no está asfaltada, o sí, pero está rota. Pero si vos seguís un poco más para allá, como quien se quiere volver hacia la ruta, todas esas casas han mejorado mucho. Yo me acuerdo perfecto porque la Mariana tenía una alumna que vivía en la calle Nievas y esas casas yo las veía que estaban más arregladitas, más trabajaditas, como que tenía otra predisposición la gente para vivir, pero vos te vas a las calles que no tienen asfalto y están hechas pedazos, nadie se calienta por nada. Tal vez es la desidia: “Para qué voy a arreglar si sigue siendo una mierda”, que es algo con lo que siempre lucho con la gente. Por más que lamentablemente el gobierno no te dé, vos tampoco te podés quedar de brazos cruzados a esperar sin hacer absolutamente nada. De vos mismo tiene que nacer… [Gladys. Vecina del barrio. Docente. 2014].

La valorización social y moral de las familias de vecinos (y particularmente de sus miembros jóvenes) se articula con argumentaciones encadenadas al mundo laboral: los espacios regulados y controlados evitan la disponibilidad para el “vicio” y la corrupción que produce la inactividad; el dis-valor del no-trabajo, de la desidia, del acostumbramiento, del asistencialismo, se plasma en la materialidad misma de las viviendas, en el descuido de sus fachadas; la disrupción del interés material y la monetarización “contamina” ámbitos de la vida “en esencia” desanclados de criterios económicos como la escuela, la vía pública o las relaciones familiares.

El barrio (las viviendas, su ubicación, su fachada y el uso del espacio) como clave de clasificación del mundo (Bourdieu, 2010; Segura, 2009) aparece en los relatos de los entrevistados como una sedimentación de la sociodinámica de la distinción (Elias y Scotson, 2000) que clasifica a las personas de clases populares, tomando su relación con las políticas sociales como manifestación de su valía simbólica.

A modo de conclusión:
tensiones en torno a las desigualdades sociales

En este artículo he abordado la relación entre desigualdad y políticas sociales en la Argentina contemporánea. En primer lugar, desde una perspectiva estructural, hemos reconstruido algunas dimensiones y tendencias en relación al peso de las políticas sociales durante la primera década del siglo XXI en Argentina (particularmente aquellas que resultan en políticas de transferencia directa de ingresos) en la disminución de las brechas de desigualdad. Al mismo tiempo, analicé el modo en que estas políticas se vuelven un recurso vital en las estrategias de reproducción social de las clases populares (particularmente en sus sectores más desfavorecidos, como el precariado, por las características propias de la composición de sus ingresos monetarios).

Por otra parte, y como hemos desarrollado a lo largo del texto, el achicamiento de las grandes brechas de desigualdad ha disparado una reconfiguración de las desigualdades en zonas de cercanías, o, en otras palabras, en las relaciones de fuerza hacia el interior de las clases populares, por ejemplo, entre distintas fracciones de clase. En ese sentido, la referencia recurrente a los “planes sociales” en los relatos y prácticas analizadas sirve como un recurso fundamental en la desposesión de capital simbólico en el mundo popular y en la construcción de fronteras morales en su interior.

Como adelantamos en un principio, el texto pretende poner de manifiesto la ambivalencia estratégica del lugar de las políticas sociales en esta dinámica: a la vez como recurso y limitante, integración y estigma, teniendo en cuenta que lejos de actuar de manera aislada, se insertan en un sistema complejo y contribuyen a un ordenamiento simbólico del mundo en el que buena parte de la distribución del prestigio y la dignidad pasa por la distinción entre personas, ámbitos, prácticas y recursos asociados al trabajo y al no-trabajo.

De este modo, la doble existencia del mundo social se manifiesta en las condiciones objetivas y las percepciones sociales, en la estructura social desigual y en la legitimidad de las desigualdades, en explícita tensión en sus dinámicas (achicamiento de las desigualdades, robustecimiento de las fronteras), y pone de relieve las limitaciones políticas que encontrarán los proyectos y programas que no conciban esta doble dimensión como parte de su diseño y su fundamentación.

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1 Encuesta Permanente de Hogares y Encuesta Nacional de Gastos del Hogar, realizadas por el INDEC. Encuesta Nacional de la Estructura Social del Programa de Investigación sobre la Sociedad Argentina Contemporánea. El Programa de Investigación sobre la Sociedad Argentina Contemporánea (PISAC) fue creado para analizar la heterogeneidad de la sociedad argentina contemporánea en sus múltiples manifestaciones. Actualmente se encuentran disponible las bases de microdatos (personas y hogares) de una encuesta (ENES) sobre tres diseñadas. La ENES relevó información sobre 8.265 hogares y 27.609 personas en localidades de más de 2.000 habitantes de todas las provincias argentinas, así como en la ciudad de Buenos Aires (CABA). El trabajo de campo se realizó mayoritariamente durante el segundo semestre de 2014 y el primer semestre de 2015 en 1.156 radios censales de 339 localidades de todo el país, incluyendo los 24 partidos del Gran Buenos Aires y las 15 comunas de la CABA. El relevamiento fue domiciliario (presencial), salvo por una pequeña proporción de hogares de barrios céntricos de las ciudades de Buenos Aires y Córdoba, en los que se utilizó la encuesta telefónica. Se utilizó una muestra polietápica compuesta por hogares seleccionados mediante métodos probabilísticos a partir de la información censal 2010. La particularidad de esta fuente es que a los datos ya disponibles en las encuestas regulares del Sistema Estadístico Nacional (EPH, EAHU), le suma dimensiones y variables que permiten un análisis de la estructura de la desigualdad social con mayor profundidad y detalle.

2 Un primer grupo de 40 entrevistas fue realizado como parte de un trabajo de campo, procesado, analizado e interpretado colectivamente en el marco del programa de investigación "Reproducción social en Córdoba: dinámicas recientes", dirigido por Alicia B. Gutiérrez y Héctor Mansilla, y que aglutina diversos proyectos SECYT, PIP y PICT. Estas entrevistas relevaron la diversidad de prácticas que constituyen las estrategias de reproducción social de las familias (estrategias laborales, habitacionales, culturales, profilácticas y de consumo) y sus sentidos vividos asociados. La selección de los referentes a entrevistar estuvo guiada por la construcción de perfiles a partir del procesamiento de información estadística, accediendo a formatos familiares y patrimoniales relativamente representativos de la diversidad de configuraciones para cada una de las clases sociales construidas en nuestro análisis. Para el contacto con los entrevistados se privilegiaron personas con un vínculo previo y con cierta base preconstruida para la generación de rapport sociológico. Conscientes de las complejidades que esta decisión conlleva, adoptamos como directivas los criterios de la investigación de La miseria del mundo, dirigida por Pierre Bourdieu (2010). Las restantes 30 entrevistas fueron realizadas a personas de una clase en particular (clase trabajadora), en un trabajo de campo bajo la dirección de Javier Moreyra Slepoy y Gabriela Brandán Zehnder, e indagaron más específicamente sobre sentidos y representaciones en relación a las políticas sociales. Los contactos se realizaron seleccionando personas con criterios de edad, sexo y afiliación a partir de una base de datos de sindicatos industriales.
Siempre que fue posible las entrevistas fueron tomadas en los hogares de los entrevistados o, en su defecto, en donde ellos indicaran les quedaba cómodo. El procesamiento, la construcción de categorías teóricas relevantes, la codificación, la interpretación y la construcción de tipologías de familias, estrategias y modos de reproducción en un sentido amplio fue realizada en el espacio colectivo de investigación, más allá de las temáticas específicas de interés para cada investigador.

3 En el Análisis de Correspondencias Múltiples –la técnica de procesamiento estadístico que utilizamos para esta investigación– las variables no se relacionan al modo de la causalidad lineal, sino que ejercen un efecto estructural (como sistema de relaciones). De esta forma, el investigador selecciona un conjunto de variables llamadas "activas", que son las que configuraran el espacio de desigualdad, mientras que el resto de los datos se conserva distribuido en el espacio de acuerdo con sus múltiples asociaciones estadísticas como variables "ilustrativas". Por ello sostenemos que no es una variable la determinante (como la posición en las relaciones de producción) sino un sistema de relaciones entre variables y entre cada una de sus modalidades.

4 En algún sentido esta construcción es teórica y metodológicamente homóloga –aunque alojando cierta diversidad en la toma de decisiones sobre variables concretas– a la que venimos realizando con distintas bases de la EPH, y la que hemos comenzado a procesar con la base de la ENGHO 2012-2013.

5 La ENES-PISAC presenta la particularidad de tomar como referencia al PSH. En el caso de las encuestas de INDEC toman al denominado Jefe de Hogar, aunque la designación de esta persona no presenta un criterio unificado sino que es de acuerdo al criterio de la familia encuestada. En la investigación del proyecto colectivo mencionado del que formamos parte, utilizamos la categoría de Referente de Hogar, que es el miembro que, por sus propiedades laborales, nivel educativo y posición en la configuración familiar, permite enclasar al grupo familiar (Gutiérrez y Mansilla, 2015). Para ver la discusión acerca de tomar al jefe de hogar como representativo para las características del hogar, véase Torrado (1998).

6 Las variables tomadas como activas fueron: Supervisión de trabajo de los demás, Rama de actividad, Jerarquía ocupacional, Calificación ocupacional, Máximo nivel educativo, Ingreso total del PSH e Ingreso per cápita del hogar.

7 Se excluyeron de la conformación del sistema modalidades específicas de cada variable. Además de los "no corresponde" y las respuestas perdidas por el sistema, las categorías de "enseñanza" y "servicio doméstico" de la rama de actividad fueron quitadas de las variables activas (aunque se conservaron como modalidades ilustrativas) por traccionar de tal manera las coordenadas totales de desigualdad que terminaban constituyendo clases o grupos en sí mismos. Esto no impidió que pesaran sobremanera en las clasificaciones finalmente construidas.

8 En el primero de estos factores las principales variables que contribuyen son la de supervisión y máximo nivel educativo (poder y capital escolar). En el segundo crece el peso de todas las variables salvo la de supervisión, y crecen fundamentalmente las contribuciones de los ingresos fundamentalmente. En el tercero tienen su máxima contribución Rama, Jerarquía y Calificación laboral (es decir, las características específicas de la inserción laboral del PSH).

9 Para mayor detalle, ver Gutiérrez y Mansilla (2015) y Assusa (en prensa).

10 Asignación Universal por Hijo para la Protección Social es la política de transferencia de ingresos más importante (y con mayor visibilidad mediática y política) en Argentina. Fundamentalmente porque implica una fuerte masificación de las asignaciones familiares que, previo a su existencia, solo eran percibidas por los trabajadores en relación de dependencia en el sector formal.

11 Pensiones por discapacidad o condiciones específicas (familia numerosa) que se asignan en formato de política focalizada. Entran en este grupo algunas de las pensiones no contributivas, cuya proporción aumentó considerablemente en el último tiempo.

12 Como hemos desarrollado en otros textos, el trabajo como precepto moral de las clases populares es mucho más antiguo (Assusa, 2017a).

13 Esta afirmación debe restringirse a investigaciones en esta línea coincidentes con esta perspectiva teórica (la de pensar procesos de distinción simbólica). Existen una serie de etnografías y estudios sociológicos que en el país han mostrado de estas distinciones categoriales en la configuración de relaciones sociales: por ejemplo, Quirós (2011), Grassi y Danani (2009) o Frederic (2004).

14 La referencia respecto de la política no era clara. Existían servicios de este tipo en el Programa Jóvenes con Más y Mejor Trabajo, en programas del Ministerio de Educación y en lo que luego se articularía en torno al PRO.GRE.SAR. De igual manera, la mención era aplicable como impugnación a la totalidad de los programas de transferencia de ingresos del Estado y a las sospechas sembradas en torno a sus controles, requisitos y virtudes culturales.

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Grandes proyectos como herramientas de creación y recuperación de plusvalías urbanas: ejemplos de Argentina y Brasil.
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Este trabajo parte de un interrogante presente en el debate latinoamericano en torno a los grandes proyectos: ¿implican estos una subvención al capital inmobiliario, a empresas privadas y a consumidores ricos, a expensas de recursos o patrimonio públicos; o bien el sector público puede capturar las plusvalías urbanas para redistribuirlas socialmente? Para avanzar una respuesta, primero se define el alcance conceptual de los grandes proyectos como herramientas de creación y recuperación de plusvalías urbanas. Luego se presentan algunos ejemplos de Argentina y Brasil, indicativos de tres estrategias de gestión por parte de los gobiernos locales: una regresiva, según la cual los nuevos entornos se financian a costa de recursos y patrimonio públicos; otra más redistributiva, que permite subsidiar a las zonas más pobres con los recursos generados en las zonas de redesarrollo, y una tercera más bien neutra que supone que el redesarrollo se autofinancia con recursos generados por los propios inversores privados y consumidores ricos.

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GLOBALIZACIÓN Y CAMBIO EN EL SUR DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES.
Hilda María Herzer

Este artículo examina la vinculación entre globalización, territorio y ciudad, focalizando el análisis en un aspecto de ese proceso que comienza a darse con cierto ímpetu en la ciudad de Buenos Aires desde fines de la década de 1990 hasta el presente. Se trata del proceso de gentrificación que en estos años se ha desarrollado en distintos barrios. Se hace hincapié en el proceso que, desde la década de 1990, tiene lugar en la zona sur de la ciudad.

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La cuestión de la vivienda en el Área
Metropolitana de Buenos Aires (2003-2008).
María Cristina Cravino

Este trabajo parte de un interrogante presente en el debate latinoamericano en torno a los grandes proyectos: ¿implican estos una subvención al capital inmobiliario, a empresas privadas y a consumidores ricos, a expensas de recursos o patrimonio públicos; o bien el sector público puede capturar las plusvalías urbanas para redistribuirlas socialmente? Para avanzar una respuesta, primero se define el alcance conceptual de los grandes proyectos como herramientas de creación y recuperación de plusvalías urbanas. Luego se presentan algunos ejemplos de Argentina y Brasil, indicativos de tres estrategias de gestión por parte de los gobiernos locales: una regresiva, según la cual los nuevos entornos se financian a costa de recursos y patrimonio públicos; otra más redistributiva, que permite subsidiar a las zonas más pobres con los recursos generados en las zonas de redesarrollo, y una tercera más bien neutra que supone que el redesarrollo se autofinancia con recursos generados por los propios inversores privados y consumidores ricos.

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La juventud en plural: desigualdades, temporalidades e intersecciones.
Ramiro Segura

En este texto de presentación del dosier se plantean los ejes que se desplegaron en la mesa de un seminario en la que participaron especialistas en la investigación sobre juventudes con miras a establecer y profundizar el diálogo y el intercambio a escala regional sobre la temática, no solo en lo relativo a los desarrollos estrictamente académicos, sino también en lo que respecta tanto a las formas en que la investigación sobre juventudes desde las ciencias sociales se vincula actualmente con las políticas públicas como a los desafíos que la investigación social y la política pública sobre juventudes en la región tendrán en el futuro.

Se da cuenta de las miradas convergentes sobre el campo de estudio en juventudes y de las claves de lectura de los especialistas para reconocer la juventud en plural. En esta introducción se destaca cómo la desigualdad, las temporalidades y las intersecciones se constituyen en vectores analíticos desde los cuales se desagregan las juventudes como objeto de estudio.

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Jóvenes entre el centro y la periferia de la ciudad, del Estado y de la academia.
Mariana Chaves

En este escrito se analizan someramente tres campos de producción de lo social desde la perspectiva de la dinámica centro-periferia. Estas categorías tienen cierto potencial creativo para pensar las relaciones de producción del espacio social, pero, además de la ayuda para espacializar relaciones entre diferentes potenciales de poder, estas nociones nos habilitan para estudiar el punto de vista del actor o la visión de mundo. Se trata de conocer quién o quiénes deciden nombrar y logran colocar algo como centro y otra cosa como periferia. Ofrezco como respuesta simplificada anticipada que es desde el lugar donde está posicionado el sujeto, desde donde ve y nombra el mundo. Con esta hipótesis buscaremos pistas para entender el juego de la producción social de: 1) la juventud urbana; 2) las políticas públicas y sociales, que “tocan” a los jóvenes, y fi nalmente; 3) la producción científica sobre juventudes.

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Sensibilidades, derechos y participación juvenil en el escenario político
Itinerarios de investigación y agendas de discusión.
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Este artículo aborda la discusión acerca de las formas de participación política juvenil en el periodo entre 2008 y el ciclo político que termina con las elecciones presidenciales de 2015 en la Argentina, aunque se realiza el ejercicio de pensar qué dinámicas adquirieron estos fenómenos en países vecinos. La intención es proponer algunas claves y ejes a considerar como parte de un programa de investigación en la relación entre juventud y política. Para ello se analizan diferentes aspectos de las prácticas políticas juveniles, señalando aquellas cuestiones innovadoras en las formas de militancia como las que replican modos más tradicionales de involucramiento político.

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Investigaciones sobre juventud en Brasil: género y diversidad.
Wivian Weller

El artículo recorre las formas y los momentos de la investigación sobre la juventud en Brasil desde el análisis del movimiento estudiantil durante la década de 1960 hasta los años 2000, cuando comenzaron a diversifi carse los estudios al introducir las dimensiones de género, sexualidad, raza y etnia, entre otras dimensiones de la diferencia y la desigualdad, para llegar a la inquietud en el presente sobre cómo superar cierta difi cultad de articulación de diferentes categorías de análisis en un análisis interseccional de la juventud.

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Distancias cercanas y diferencias encontradas en la Ciudad de Buenos Aires. El caso de los adultos y las adultas que viven en las calles. 1997-2011.
Martín Boy

En este artículo se trabajará sobre las limitaciones que se encuentran en el campo de la Sociología Urbana para pensar el encuentro de otredades de clase que reactualizan procesos de desigualdad social. Mucho se ha escrito sobre el proceso de segregación residencial que atravesó a la Ciudad de Buenos Aires desde la profundización del neoliberalismo en la década de 1990 pero poco se dice sobre cómo la crisis social, política y económica modificó el paisaje urbano y cómo diferentes grupos de pobres reocuparon áreas centrales de la ciudad para desarrollar en el espacio urbano estrategias de supervivencia. De esta forma, se intentará reproblematizar cómo los pobres también construyen usos y significaciones de un mismo espacio céntrico.

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Hacia un enfoque relacional del bienestar
Elementos para el diagnóstico y la orientación de políticas públicas
Rolando Cristao

En el presente trabajo se analiza críticamente el enfoque de pobreza y se propone el enfoque de los activos y estructura de oportunidades como herramienta para el diagnóstico social. A partir de este desarrollo, se discute en qué medida el concepto de desigualdad podría actuar como organizador del análisis de la situación social.

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Programas sociales y personas en situación de calle en la ciudad de Buenos Aires
Un mapa conceptual de las intervenciones
Andrea Bascialla

El presente trabajo presenta un análisis resumido de las políticas sociales generadas por el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para personas en situación de calle. A partir de la sistematización de la información ofi cial disponible, se confeccionó un cuadro de los programas y se señalaron los conceptos más sobresalientes en relación a: i. qué ejes de la vida en la calle se recortan como problema social a solucionar; ii. qué responsabilidades atañen a cada actor social en estas soluciones y iii. qué aspectos de los grupos poblacionales se delimitan con determinadas categorías (edad, género, etc.). Se consideró el eje temporal para contextualizar las categorizaciones y esquemas de intervención. El análisis incluyó, además, los aportes teóricos vigentes sobre el tema para entender que la focalización en la falta de vivienda y la invisibilización de las causas estructurales impiden soluciones de largo alcance.

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Entre prácticas instituidas, instituciones interpeladas y luchas distintivas:
la AUH frente a la ampliación del derecho a la educación (2009-2015).
Nora Gluz e Inés Rodríguez Moyano

El artículo propone analizar los sentidos que asumen las políticas de transferencias condicionadas de ingresos en el campo escolar, en el marco de las tendencias hacia la mayor integralidad de las intervenciones destinadas a garantizar el derecho a la educación durante el periodo 2009-2015 en Argentina. Nos interesa examinar el modo como estas son apropiadas en las escuelas a través de las mediaciones institucionales y de las tradiciones simbólicas propias del campo escolar así como de las lógicas de los actores que en ella intervienen. El trabajo toma como fuente los resultados de una investigación desarrollada entre 2013 y 2015 en la provincia de Buenos Aires sobre los procesos de implementación de la principal política de transferencias monetarias a nivel nacional: la Asignación Universal por Hijo para la Protección Social.

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Las tensiones de las condicionalidades de la Asignación Universal por Hijo desde la perspectiva de los actores.
Laura Eugenia Garcés

Al analizar las políticas sociales, podemos posicionarnos en perspectivas teóricas que justifican el establecimiento de condicionalidades o, por el contrario, en perspectivas que se oponen a aquellas por considerar que contradicen la idea de derecho. En tanto, en el presente trabajo pretendemos problematizar esas respuestas dicotómicas y las tensiones conceptuales que están presentes en las percepciones de los actores involucrados en la Asignación Universal por Hijo de Argentina, analizando los sentidos otorgados a estos conceptos, ya no como correctos o incorrectos según una perspectiva teórica sobre las condicionalidades, sino complejizando el análisis, articulando con otros desarrollos teóricos que amplíen el horizonte explicativo de la condicionalidad y que, al mismo tiempo, den cuenta de las miradas de los sujetos involucrados en la práctica concreta de las condicionalidades.

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Las políticas de transferencias condicionadas en la Argentina posconvertibilidad:
¿una forma de mediación entre la cuestión social y el régimen social de acumulación?
Silvio Alejandro Crudo

En las últimas décadas se advierte la expansión que han tenido los programas de transferencias condicionadas (PTC) en los esquemas de protección social, así como sus mutaciones en términos de diseño. Si varios son los factores que ayudan a comprender los procesos de formulación de las políticas sociales, nos centraremos en uno: el régimen social de acumulación en el que se encuentran insertas. El interrogante que guiará este trabajo será: ¿qué relaciones se pueden establecer entre los PTCI y el régimen social de acumulación que contiene? Para responderlo, tomaremos los casos de dos programas argentinos: el Plan Familias por la Inclusión Social y la Asignación Universal por Hijo para la Protección Social. La hipótesis que sostendremos es que estos programas se actualizan como una forma de mediación entre la cuestión social y el incipiente régimen social de acumulación que se estaba definiendo tras la salida de la convertibilidad. Para ello, recurriremos a decretos y reglamentaciones de los programas tomados como casos, documentos institucionales y datos estadísticos.

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¿Cooperativismo como oportunidad perdida? Problemas estructurales y coyunturales del cooperativismo bajo programas
Pilar Arcidiácono y Ángeles Bermúdez

El artículo analiza el campo del cooperativismo de trabajo bajo programas a partir del caso del Programa “Ingreso Social con Trabajo” (Prist). Se abordan cuestiones estructurales y cambios de coyuntura apelando a la metáfora de bisagras de gestión. Se sostiene que las modificaciones impulsadas por el gobierno de Cambiemos se erigen y legitiman sobre un conjunto de supuestas “debilidades preexistentes” del programa, donde el esquema cooperativo comenzaba a perder centralidad. Hasta el momento, la nueva gestión brinda mayor preponderancia a las actividades de formación con una nueva versión de la teoría de capital humano y al componente de las transferencias de ingresos. Este trabajo deja abiertos interrogantes sobre las posibilidades futuras y disputas en torno al Prist y a la línea del cooperativismo de trabajo bajo programas entre posiciones más próximas al reconocimiento de nuevas formas de trabajo autogestivo-asociativo que persiguen sectores de la economía popular, por un lado, y propuestas gubernamentales de corte individual que tienden a descolectivizar el abordaje de la política pública.

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De la promoción del trabajo cooperativo al Salario Social Complementario. Transformaciones en la transferencia de ingresos por trabajo en la Argentina
Malena Victoria Hopp

A partir del trabajo de campo cualitativo y el análisis documental, el artículo reconstruye y analiza la estrategia de política social del Estado argentino ligada a las transferencias de ingresos en el marco de experiencias de trabajo cooperativo y en la economía popular, y las disputas en torno a los sentidos del trabajo y la organización colectiva que estas implican. En este recorrido, se indaga acerca de los fundamentos de la inclusión del trabajo cooperativo como marco de realización de las tareas laborales y como condición para el otorgamiento de una transferencia directa de ingresos, en el período 2003-2015, y la ruptura que plantea la nueva orientación de las políticas sociales que propone transferencias “sin cooperativas” y la creación de un Salario Social Complementario, impulsados por la nueva gestión de Gobierno, iniciada en diciembre de 2015.

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La lucha por un lugar en Buenos Aires.
Crisis de la vivienda y boom inmobiliario (1990-2010)
Marie-France Prévôt-Schapira

En el marco del programa Metraljeux de estudio sobre cuatro metrópolis de América Latina, este trabajo parte de la idea de que en Buenos Aires, como en otras ciudades de la región, los modelos de gobernanza son producto de las lógicas políticas e institucionales que caracterizaron las trayectorias de las metrópolis así como su inserción en la globalización. El análisis propuesto, elaborado como resultado de un trabajo de campo en las ciudades de México y de Buenos Aires en los años 2008-2010, permitirá entender los modos de la gobernanza de la vivienda en Buenos Aires, paradójica con respecto a las otras metrópolis de América Latina.

En primer lugar, se establecen, en una perspectiva histórica, las nuevas formas de precariedad y vulnerabilidad de la vivienda en la Ciudad de Buenos Aires en los años 2000. Luego se pone el foco en el desfasaje entre el derecho a la vivienda reconocido por la Constitución de la Ciudad Autónoma (CABA) y las políticas implementadas para responder a la apremiante demanda habitacional, privilegiando el análisis de las lógicas políticas e institucionales. Por último, se muestra cómo la concentración de programas de vivienda social, la mayor parte de ellos confinados en el sur de la ciudad, profundiza los procesos de segregación existentes, endurece las fronteras entre distintos barrios y exacerba las tensiones.

En fin, el artículo sostiene que la pregunta por quién se apropia del espacio es clave para hacer inteligible la dinámica y las posibilidades de la gobernanza metropolitana.

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Bienestar infantil y diversidad familiar.
Infancia, parentalidad y políticas públicas en España
Dolors Comas-d´Argemir

El reconocimiento de la diversidad familiar es un componente esencial para el bienestar de la infancia. Las familias han experimentado fuertes cambios en su composición y relaciones internas y esto es especialmente relevante en la España de los últimos cincuenta años, en que se ha pasado de un modelo familiar único (matrimonio heterosexual con hijos) a una diversidad de formas de convivencia y a una democratización de las relaciones entre hombres y mujeres y entre generaciones. En este artículo presentamos las políticas públicas dirigidas a la infancia, con especial referencia a las relacionadas con el reconocimiento de las nuevas realidades familiares. Constatamos que las políticas de infancia y las políticas familiares han sido de poca entidad y de gran fragilidad en España y que los avances que se produjeron a finales del siglo XX, coincidiendo con el desarrollo del Estado del bienestar, se han visto truncados con la gran depresión económica y las políticas neoliberales de austeridad, que limitan la responsabilidad del Estado y sitúan a la familia como garante del bienestar infantil, acentuando el riesgo de pobreza infantil. Es en este contexto en el que hay que interpretar la escasa sensibilidad pública hacia las nuevas necesidades de las nuevas familias.

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Los sistemas de registro de información como instrumentos para la gestión de políticas públicas para niñas, niños y adolescentes.
El caso de la Ciudad de Buenos Aires
Cristina Erbaro y Verónica Lewkowicz

El compromiso asumido por la Argentina, como Estado Parte de la Convención sobre los Derechos del Niño, y las leyes nacionales y locales de protección integral de derechos requieren del seguimiento de su implementación en las políticas públicas. En ese marco, una de las tareas más importantes es la construcción de sistemas de registro que brinden información sobre el acceso a los derechos de niñas, niños y adolescentes. En el presente trabajo se reflexiona sobre el Legajo Único Electrónico, primer sistema para el registro de situaciones de amenaza o vulneración de derechos, de uso exclusivo de todos los servicios y programas de atención directa del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

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Autoritarismo, espacio urbano y sectores populares
A propósito de Merecer la ciudad: los pobres y el derecho al espacio urbano, Oscar Oszlak (2017). Ciudad de Buenos Aires: Eduntref. Segunda edición ampliada
Fernando Ostuni

El compromiso asumido por la Argentina, como Estado Parte de la Convención sobre los Derechos del Niño, y las leyes nacionales y locales de protección integral de derechos requieren del seguimiento de su implementación en las políticas públicas. En ese marco, una de las tareas más importantes es la construcción de sistemas de registro que brinden información sobre el acceso a los derechos de niñas, niños y adolescentes. En el presente trabajo se reflexiona sobre el Legajo Único Electrónico, primer sistema para el registro de situaciones de amenaza o vulneración de derechos, de uso exclusivo de todos los servicios y programas de atención directa del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

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Los desafíos de la justicia escolar.
François Dubet

El gran proyecto escolar moderno se fundó en la mayoría de los países entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, cuando se construyeron los sistemas educativos públicos nacionales con la misión de escolarizar a todos los niños. En esos años de fuerte confianza en la educación, dos grandes proyectos se afirmaron: un proyecto de justicia social y un proyecto de emancipación. Uno se basa en la creencia en la capacidad de la escuela para promover una jerarquía social justa basada en el mérito de los individuos y no solo en los privilegios debidos a su nacimiento; el segundo postula que la escuela puede formar ciudadanos autónomos y solidarios en el marco de las sociedades nacionales democráticas. En este artículo se analizan esos dos proyectos, el de la justicia y el de la educación, para distinguir sus diversas dimensiones e intentar definir los desafíos a los que hoy nos enfrentamos. Se sostiene, en líneas generales, que en tanto los sistemas educativos están insertos en las sociedades, cuanto más justa e igualitaria es una sociedad, más probabilidades tiene la escuela de ser ella misma justa e igualitaria. Porque si bien la escuela interviene sobre la sociedad, no está quizás en condiciones de “salvar el mundo”.

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Las continuas mejoras en la distribución del ingreso en Argentina entre 2003 y 2015.
Ana Laura Fernández y Mariana L. González

El período 2003-2015 puede caracterizarse en su conjunto en términos socioeconómicos por el crecimiento de la economía, la mejora en las condiciones laborales y la ampliación de las políticas sociales y de seguridad social. Entre estos años se produjo, a su vez, una mejora continua en la distribución del ingreso, que implicó una reversión respecto de la tendencia regresiva que se había verificado desde los años de la última dictadura militar. En este marco, el objetivo de este trabajo es analizar la evolución de la distribución de los ingresos familiares e individuales durante esta etapa indagando en su asociación con diferentes factores tales como la dinámica del mercado de trabajo, los ingresos laborales y no laborales. El análisis se basa en una periodización fundamentada en la dinámica macroeconómica y de las variables analizadas, que distingue tres subetapas. La principal fuente de información es la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC.


El estudio permite concluir que la menor desigualdad en los ingresos familiares no solo se relaciona positivamente con una mejora en la distribución de los ingresos laborales sino también con el efecto diferencial del aumento de la ocupación y las variaciones en la tasa de actividad, y la menor precariedad en el empleo. Del mismo modo, es fundamental en la explicación la ampliación del régimen previsional y el aumento real de los haberes jubilatorios, mientras que las políticas sociales de transferencias monetarias tienen un rol también positivo, pero de menor intensidad.

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La desigualdad regional de ingresos en la Argentina de las últimas décadas
Impacto redistributivo del Estado y contribución regional a la inequidad urbana
Gabriel Calvi y Elsa Cimillo

En este trabajo se aborda el fenómeno de la desigualdad de ingresos personales en los distintos agrupamientos urbanos (regiones y aglomerados) de la Argentina y su evolución en los últimos veinte años. El estudio se concentrará en dos aspectos: 1) la evolución de la desigualdad y del impacto redistributivo de las transferencias estatales (contributivas y no contributivas) a nivel regional; 2) el aporte de cada área a la desigualdad del total urbano.


Para el primer aspecto abordado se analizarán coeficientes de Gini de ingreso per cápita familiar (IPCF), antes y después de transferencias estatales. En este punto se procederá comparando ambos tipos de coeficientes, asumiendo que la diferencia es un buen indicador del efecto redistributivo de la intervención del Estado. La comparación será realizada para cada uno de los agrupamientos territoriales en los distintos años considerados.


El segundo aspecto, de mayor complejidad, es el relativo a la contribución de regiones y aglomerados a la inequidad del total urbano en el período analizado. La desigualdad de IPCF del total urbano resulta de incluir en un único ordenamiento jerárquico (distribución) los ingresos individuales (IPCF) de distintas áreas geográficas, que presentan heterogeneidades en términos de tamaño poblacional y nivel de ingresos. Esta mayor o menor heterogeneidad (entre regiones o aglomerados) origina contribuciones diferenciales a la desigualdad total. La metodología utilizada en este punto es una adaptación del procedimiento de descomposición del Gini por fuentes de ingreso elaborado por Lerman y Yitzhaki (1985) y difundido por CEPAL en 2008 (Medina y Galván, 2008). La adaptación aquí realizada consiste en considerar los ingresos de los residentes de cada región o aglomerado como fuentes distintas del ingreso total urbano.


En la definición de las áreas urbanas se sigue la clasificación de agrupamientos territoriales que emplea el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), fuente de información utilizada en este trabajo. Nos referimos a las seis regiones estadísticas definidas por el INDEC (Gran Buenos Aires, Cuyo, Noreste Argentino, Noroeste Argentino, Patagonia y Pampeana) y a los distintos aglomerados urbanos relevados por la encuesta (cuya cantidad ha variado desde los inicios de la EPH).


El estudio es precedido por una sección en la que se describe brevemente la evolución de la desigualdad de ingresos entre 1993 y 2013, y que nos permite identificar las etapas a partir de las cuales será estilizado el análisis. Un último punto queda dedicado a las conclusiones que se desprenden de las evidencias aportadas.

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Producción de bienestar y estructura social en perspectiva comparada:
Reino Unido, España y Argentina
Jésica Lorena Pla y Emilio Jorge Ayos

Este artículo analiza la composición de ingresos y su relación con la estructura social, a partir de una perspectiva comparativa, seleccionando los casos de Reino Unido, España y Argentina. Retomamos la discusión sobre las formas de articulación entre las diferentes instituciones que participan en la provisión del bienestar, Estado, Mercado y Familia, aprendiéndolas a partir de la desagregación de los ingresos por fuente (laboral, no laboral, y en este último caso, su composición), abordados comparativamente a partir de la unidad de análisis individuo y la unidad de análisis hogar.


Utilizamos los microdatos de las siguientes fuentes: la Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Argentina), la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (España - 2013 en cada caso) y su versión inglesa European Union Statistics on Income and Living Conditions (2009).


El instrumento de medición utilizado para analizar la evolución de la estructura de clases en relación al mercado de trabajo fue el esquema de clases de Erikson, Goldthorpe y Portocarero (Goldthorpe y Heath, 1992).

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Desigualdad de oportunidades de graduación universitaria en Argentina (1975-2015):
Efectos del territorio, la clase social de origen y el nivel educativo familiar
Pablo Dalle, Paula Boniolo, Bárbara Estévez Leston y Joaquín Carrascosa

El artículo analiza la incidencia del origen social familiar y el territorio en la desigualdad de oportunidades de graduación universitaria en Argentina y su evolución a través de cuatro cohortes nacidas entre 1945 y 1985. Se utiliza una metodología cuantitativa que combina el análisis de dos fuentes de datos secundarios: la Encuesta Nacional sobre Estructura Social de 2015 y el Censo Nacional de Personas, Hogares y Viviendas de 2010. Se utilizaron técnicas estadísticas descriptivas: tablas de contingencia, gráficos y mapas, e inferenciales: modelos log-lineales y de regresión logística multivariados. Las pautas observadas sugieren que la escasa expansión de la graduación del sistema universitario en las últimas décadas ha implicado, hasta el momento, una ampliación de la desigualdad de clase en el logro de credenciales universitarias en la cohorte más joven, esto es, mayores ventajas para quienes provienen de clases medias. El nivel educativo del hogar de origen es la variable que más influye en la graduación universitaria y su efecto sobre la desigualdad de oportunidades se mantiene constante a través de las cohortes. Asimismo, el estudio brinda evidencia en favor de que la región de nacimiento y de residencia actual contribuye a delinear la desigualdad de oportunidades educativas.

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Procesos de exclusión en las políticas sociales:
explorando los perfiles de la población no perceptora de la Asignación Universal por Hijo
Agustín Salvia, Santiago Poy y Ianina Tuñón

Está ampliamente probado que las instituciones laborales y de seguridad social asociadas a los mercados de trabajo formal constituyen el principal mecanismo de inclusión social sistémica en economías de mercado (OIT, 2017). No obstante, la reconfiguración productiva y sus efectos sobre el empleo y la exclusión a escala global condujeron a muchos gobiernos a desarrollar sistemas de protección paralelos a tales mecanismos (CEPAL, 2018). En América Latina, estos sistemas han adoptado la forma de programas de transferencias condicionadas de ingresos, orientados a la lucha contra la pobreza y concebidos como instrumentos transitorios hasta que los beneficiarios logren una mejor inserción en el mercado laboral. Si bien han tenido efectividad para paliar situaciones de pobreza extrema, en distintos países se ha constatado su insuficiencia para superar exclusiones o autoexclusiones sociales y promover formas más plenas de inclusión social sistémica.


A partir de 2009, el gobierno argentino implementó un sistema de transferencia condicionada de ingresos –la Asignación Universal por Hijo–, destinado a hogares con niños y adolescentes cuyos padres fueran trabajadores informales, desempleados o inactivos y no tuvieran acceso a otros mecanismos de protección social. La literatura ha abordado distintas aristas de esta política. Adoptando un enfoque crítico sobre el carácter universal, transitorio e inclusivo de esta iniciativa, este artículo aborda un aspecto poco explorado: el perfil socioeconómico, demográfico, laboral y residencial de aquellos potenciales beneficiarios excluidos o autoexcluidos del programa. Se parte de la hipótesis de que se trata de una población heterogénea, atravesada por diferentes clivajes y grados de marginalidad social, cuyas particulares condiciones constituyen el principal factor de exclusión.


La fuente de información son los microdatos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina correspondientes al período 2010-2015. Sobre las bases apiladas se aplican modelos de regresión, análisis factoriales y construcción de clústeres que permiten caracterizar y tipificar los diferentes procesos sociales de exclusión subyacentes a los perfiles socioeconómicos, demográficos, laborales y residenciales presentes en una población de niños y adolescentes elegibles no beneficiarios de la AUH.

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Políticas sociales y simbolismo del trabajo en Argentina
Desigualdad, apropiaciones y sentidos vividos en el espacio social de Córdoba
Gonzalo Assusa

El artículo aborda la relación entre políticas sociales y desigualdad en la Argentina contemporánea. Para ello, plantea su análisis en dos dimensiones paralelas e interconectadas. La primera refiere al lugar de las políticas sociales como instrumento de reproducción social y al modo en que se inserta en una serie de estrategias de reproducción social de las familias para sostener o mejorar su propia posición en el espacio de las clases sociales. La segunda refiere a cómo las políticas sociales (denominadas coloquialmente “planes sociales") pasan a formar parte de un acervo común de categorías simbólicas que se ponen en juego en la construcción de fronteras simbólicas que distinguen legitimidades, dignidades y prestigios diferenciales entre personas. Con este objetivo, el artículo propone una articulación de métodos, combinando procesamiento estadístico multifactorial de bases de datos como la ENES-PISAC, con un extenso trabajo de campo cualitativo que va desde entrevistas en profundidad hasta registros etnográficos.

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Las transformaciones en las prácticas de los sectores populares organizados a partir de la implementación de la Asignación Universal por Hijo
Victoria D’Amico

En este artículo exploramos las reconfiguraciones de la relación entre sectores populares y Estado a partir del análisis del modo que adoptó la inscripción de la AUH en las redes de sociabilidad política local de una organización socioterritorial, el Movimiento Justicia y Libertad en la ciudad de La Plata, entre 2011 y 2015. Sostenemos que la implementación de la AUH conllevó dos transformaciones simultáneas en las prácticas de los sectores populares organizados. Por un lado, reprodujo el sentido oficial de que la política es gestionada directamente por el Estado nacional. Al hacerlo, las organizaciones se distanciaron del carácter disruptivo con que habían disputado previamente su papel protagónico como mediadoras en la gestión de políticas sociales y, como consecuencia, se produjeron procesos de individualización de los sectores populares.


Por otro, las organizaciones reconfiguraron su trabajo territorial a través de su participación en otros programas sociales. Las cooperativas del Programa de Ingreso Social con Trabajo, más conocido como “Argentina Trabaja”, operaron como núcleos de articulación de recursos, tareas y demandas al Estado en el entramado local. Reconstruimos empíricamente las tensiones irresueltas que ambos procesos generaron en las experiencias de ciudadanización y desigualdad, particularmente para las mujeres.

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Experiencias del bienestar
Para una comprensión de la política social desde el sentido común
Daniela Soldano

Conseguir trabajo, agua potable, una bolsa de alimentos, un turno médico, un lugar donde vivir, o un cupo en la mejor escuela pública del barrio, constituyen desafíos que enfrentan a diario los vecinos de las barriadas relegadas de las ciudades en nuestra región. Estos desafíos permiten advertir dos registros del orden socio-político: la estructura desigual que da forma a sus condiciones de vida y las prácticas efectivas de reproducción social. Entre ambos, se ubica el sentido común, un nivel de conocimiento experiencial, potente para orientar dichas rutinas cotidianas y con capacidad para “suturar” simbólicamente las fracturas de una sociedad atravesada por la desigualdad socioeconómica. Este artículo propone la comprensión de lo que se denominará “experiencias del bienestar” –del Estado y la política social–, en las que entran en escena un conjunto de razonamientos evaluativos que atañen a la calidad de los recursos públicos, a la efectividad y legitimidad de su mediación y al grado de justicia presente en su distribución en los diferentes territorios.

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Cuando la desigualdad y la pobreza pasaron a ser problemas de la gerencia social
Notas sobre el caso de los think tanks en los noventa
Adriana Clemente

Este artículo problematiza sobre la orientación y las características de las fuentes de conocimiento y el asesoramiento brindado para el diseño de los programas sociales y el tratamiento de la pobreza que se realizaron como parte de la cooperación técnica para el desarrollo en la década de los noventa. El análisis focaliza el rol de los dispositivos institucionales que actúan en torno a procesos de vinculación tecnológica y social con la vocación de incidir en la agenda pública (think tanks), particularmente los asociados al ámbito académico inscriptos en el campo de las políticas sociales y el desarrollo.